Literatura pública y de calidad

lunes, 28 de enero de 2019

Ida y Vuelta


( Ida y Vuelta surgió como una micro-novela, escrita en coautoría: Griselda Méndez-Mauro Sartirana, en el año 2011. Por alguna oscura razón, el blog donde la habíamos subido, desapareció de la matrix. Hoy, hurgando en los archivos de una compu vieja, la encontré de pedo. ¡Qué la disfruten! Mauro)

UNO
     Un tremendo calor circulaba por el colectivo 51, ramal Cañuelas. Gastón cambió de mano la pila de dípticos de la compañía de celulares Nextel, con la izquierda depositó de a una las monedas de diez centavos, hasta llegar a los dos pesos necesarios que lo llevarían hasta Llavallol. El chofer se desesperó un poco, la cola era interminable, Gastón cambió el peso del cuerpo apoyándose en la máquina expendedora y agradeció tener el volumen de la radio tan fuerte como para pulverizar las puteadas...
     Pudo conseguir un asiento atrás, recién llegando a Lomas. Acomodó la mochila como pudo entre las piernas. El sol de fines de abril y el vaivén del colectivo lo fueron adormeciendo. Una serie de imágenes oníricas se sucedían en su amable somnolencia: su perra Bicha; la única mascota que había querido en su vida, la camiseta granate; estandarte que colgaba en la pared de su pieza, una cama angosta con un colchón que se amoldaba a su cuerpo, las rodillas peladas de jugar a la pelota. Se apilaban al costado de su conciencia, como un montoncito de hojas secas...
     Se bajó a la altura de la barrera y caminó por una calle angosta, paralela a las vías, hasta llegar a la recepción de una pequeña fábrica de plásticos, se anunció solemnemente en una garita de vidrios polarizados.
-Buenos días. ¿Se encuentra el señor Pablo Ávila? De parte de Gastón Galliano de Nextel, teníamos una cita a las 11...- se presentó con tono convincente. En las últimas semanas su trabajo consistía, básicamente, en trasladarse en colectivos de línea un promedio de 50 km. por día, sin lograr el mínimo del premio para los ejecutivos de venta, de la empresa Patané y asociados; Representante Oficial de Nextel Argentina. En el cual Gastón ocupaba el, no muy disputado, puesto de Ejecutivo de Ventas Junior, a pesar de sus 31 años. "No hay una moneda en la calle, ni en la alcantarilla más honda y nauseabunda...", pensó Gastón mientras esperaba a ese tal señor Pablo, quién resultó ser un chico de 25 años, que lo atendió en un mostrador que operaba de oficina improvisada.
-¿Vos sos el que vendés los Blackberrys, no?- soltó el chico sin preámbulos
- Encantado- lo saludó Gastón con un fuerte apretón de manos- Yo te ofrezco un servicio de comunicación inmediata. Te explicó rápidamente-enfatizó Gastón al ver al joven un poco disperso- el sistema es Nextel, equipos de radio. La gran ventaja que tiene es que se puede conocer la ubicación geográfica de los equipos Nextel y trazar un mapa en la web con todos sus movimientos. Esta aplicación te permite monitorear desde la PC el movimiento de la fuerza de ventas o logística en la vía pública-largó Gastón sin perder la sonrisa, aunque cada vez que repetía el speech, se sentía más miserable.
-Claro, igual acá todos trabajamos adentro prácticamente, no sé si es lo que buscamos- contestó el chico con tono canchero, sacando un cigarrillo de un paquete de Lucky Strike Box.-¿Fumás?- le acercó el paquete. -¡Qué calor no! Acá hay aire, pero afuera debe estar insoportable...-dijo el joven mirando por la ventana.
-Ya te había comentado por teléfono que ofrecíamos equipos Nextel- le dijo Gastón con un tono severo.
-No recuerdo muy bien, pero por ahora no, cualquier cosa te llamamos- dijo el joven mirando su reloj y se marchó impaciente. Gastón se fue sin más, con las manos vacías y un ardor acrecentándose en la boca del estómago.


DOS

     El abuelo Jorge se levantó despacio al escuchar el tercer timbrazo, alcanzó las chinelas que habían quedado muy atrás, debajo de la silla, con las puntas de los dedos. Con paso cansino cruzó la habitación. A través de la mirilla pudo ver la incipiente pelada castaño oscuro de su nieto.
-¿Gastón, sos vos?- dijo con voz cascada.
-Abrí abuelo, dale que me estoy meando-
-Pará, que no tengo la llave, que se yo donde está... ¿Vos no tenés llave?-
-No, no tengo abuelo, no me la diste, bah me la diste, pero me la pediste la otra vez porque la habías perdido. ¡Dale que me estoy meando!-
-Esperá, ahí voy, soy una persona grande, sabés, si me caigo y me rompo la cadera vamos a ver quién me cuida, de toda esa manga de ladrones que lo único que sirven es para hincharme las pelotas- La voz del viejo sonaba atronadora en la habitación casi vacía: una mesa, dos sillas y un mueblecito con dos puertas y dos cajones; uno de ellos estaba ahora volcado sobre la mesa y allí los dedos finos y blancos del abuelo se movían como si fuera un artesano de las cosas perdidas.
-Bueh abuelo, me voy a la mierda si no me abrís, en serio- Gastón volvía de la vereda subiéndose la bragueta, apoyó la mochila al lado de la puerta.
-Ahí voy, ya la encontré- le contestó el abuelo desentrañando un llavero del mundial 78 de adentro de una billetera raída. Giró la llave y la luz anaranjada del atardecer sacudió la habitación.
-Al fin...-Gastón entró y se desplomó en la primera silla. ¿Cómo hacés para salir siempre? Mejor que no se te incendie la casa porque te morís...-
-¡Qué me importa! Que se incendie todo y yo me voy a la...-el abuelo no terminó la frase y se quedó en el marco de la puerta, que daba a la cocina, mirando fijamente a su nieto.
-¿Qué hacés acá vos Gastón? ¿Te vas a quedar hoy también?- preguntó con tono amable.
-Si abuelo. Hablé con Natalia, quiere que nos tomemos un tiempo, que se yo, vamos a ver...- Gastón se había sacado las zapatillas y las medias.
-No quiero mugre, levantá todo eso, señaló el anciano y se fue para la cocina.
-¿Vas a comer?- preguntó el abuelo.
-Si, traje unos churrascos de cuadril del Coto-
-Bueno dale yo lo quiero bien jugoso- contestó el viejo con tono burlón y se fue para el galponcito del fondo.
Ni siquiera hay cable acá, Gastón se estiró en la vieja mecedora alternando con el control remoto entre Telefé y canal Trece, América se veía mal.-
Le sonó el celular, era un mensaje de texto de Hernán:
-Hoy fiesta en lo de Titi, traete unas cervezas-
-¡Ke bien!- le respondió.
Se fue reclinando de a poco. Era la hora de los noticieros, la sentenciosa vocecita de María Laura Santillán de fondo, sonaba como el zumbido de mosca adentro de una campana de vidrio.

TRES

-Ojo yo era heavy metal, en serio, así como me ves... O sea, ¿Qué ves cuando me ves? ¿Entendés?- Gastón hablaba a los gritos, con los ojos brillantes y tratando de acercar su cara a las sonrosadas mejillas de una morocha con carita de nena.
     La última frase cayó al vacío y los ojos de Melody se posaron en sus uñitas pintadas de negro, con un gesto de incredulidad absoluta le contestó con ojos impacientes.
-¿Cómo que veo? Te veo a vos, pero no entiendo bien lo que decís.
-Voy a tratar de ser más claro- no se le ocurría nada revelador...
-O sea, vos sos hermosa- exclamó Gastón sonriente.
- Y eso que tiene que ver con lo de heavy metal- Contestó la chica y se incorporó un poco, buscando con la vista a sus amigas.
-Pará, pará, no te vayas ahora que te perdés el show- exclamó Gastón.
-¿Qué show?- Melody abrió todavía un poco más sus ojos café y mordiéndose el labio inferior comenzó a sonreír al ver a Gastón pararse, estirándose la remera.
-Voy a dar todo de mi,... Mrrrh, mrrrh- se aclaró la garganta:
-"En lo que digo nadie se engaña: nos libramos del vencido, todos barremos con saña, a los ídolos caídos..."- , cantó Gastón de manera sentida y con la voz impostada.
Hubo un silencio muy incómodo. A la chica le pareció estar frente del chico más ridículo que jamás hubiera pensado conocer.
-"Memoria de Siglos"- dijo Gastón en un tono muy bajo.
-¿Qué?- dijo la chica agarrando la camperita que tenía en el respaldo.
-¡Hermética! La banda metalera más grande de la Argentina- dijo Gastón exaltado.
-Perdón, no la conozco- contestó la chica con tono ofendido. -Bueno todo lindo, me voy- . Gastón alcanzó a robarle un beso en la comisura de los labios, Melody salió corriendo como si estuviera perdiendo el colectivo.
     Gastón se quedó un rato, trató de conversar con Marcelo, pero la novia interrumpía la conversación a cada momento. Dio una vuelta por la casa, se sirvió un vaso de agua en la cocina, quiso conversar con la prima de Titi, pero ella estaba tan concentrada en que su niño comiera una porción de torta, que no pudieron cruzar muchas palabras. Básicamente, se aburrió sobremanera, hasta que se fue de la fiesta sin saludar.
     Volvió a su casa caminando. Era una noche estrellada, las hojas se desparramaban formando sombras grotescas debajo del farol. Cruzó a Soledad, una vecina muy guapa que conoció en la secundaria, superior a él en varios aspectos: edad, altura y belleza. La vio pasar como un fantasma, con un camisón blanco, que le quedaba tan largo y holgado que le tapaban los pies. Pensó en seguirla, la curiosidad que le había despertado le hizo latir más rápido el corazón. Caminó una cuadra detrás de ella, no quería asustarla de ninguna manera. Al llegar a una esquina, ella desapareció por completo. Gastón se paró en el medio de la calle pero no había ningún rastro. "Pero que estoy haciendo, va a pensar que soy un psicópata homicida" Se criticó a sí mismo y retomó el rumbo a la casa de su abuelo.

CUATRO

     A la mañana siguiente despertó con el sonido estridente de una radio AM. Eran más de las once de la mañana. Un día nefasto para Gastón, tenía que ir a buscar a la casa de su novia, -de su ex novia, mejor dicho- el DNI, unos libros y una pava que le había regalado su abuela. Se sentó semidormido en el comedor, el abuelo que sorbía lentamente de un mate vacío, lo interrogó:
-¿Vos viniste con un perro?-
Gastón lo miró incrédulo: -Me estás jodiendo-
-Yo un perro no quiero, te mea todo el jardín, hay que darle de comer, no me hinchen las pelotas, ya bastante tengo con tu abuela que se dio cuenta que se quería separar de mi, después de haber convivido ¡CINCUENTA Y CINCO AÑOS!-, el volumen de la voz del abuelo iba aumentando como un auto con el estéreo a fondo, que se iba acercando.
-Ja,ja- rió Gastón fatídicamente.- Pensá abuelo que es una decisión muy difícil, necesitaba su tiempo...-
-No te hagas el pelotudo- Le gritó y continuó- El muerto se ríe del degollado- Gastón sintió que le tiraban tierra en su fosa. El humor del viejo era despiadado.
     Caminó hasta la estación de Monte Grande. Apurado, con las manos en los bolsillos. Se le había hecho tarde. Había arreglado con Natalia, que pasaba a buscar sus cosas, cerca del mediodía, pero ya eran casi las tres de la tarde. "Que importa, si total tengo las llaves del departamento" pensó, mientras veía como arribaba el tren a la estación. Cruzó el semáforo en rojo, un gordo de un Renault nueve lo puteó de arriba a abajo. A zancadas subió las escaleras, pero cuando llegó exhausto al andén, el tren cerraba sus puertas y se despedía lentamente, barriendo las hojas amarrillas que revoloteaban como mariposas sobre las vías.
Pateó el suelo y rezongó un largo rato. El próximo tren pasaba, con suerte, en treinta minutos. ¿Cómo era posible que nadie le haya aguantado la puerta? Juan Manuel, su mejor amigo, le había contado una anécdota ridícula una vez, en la que un perro le aguantaba la puerta del tren a su dueño. Un mendigo cojo, repleto de bártulos. Prendió un pucho y caminó dando vueltas a la plazoleta del andén. Leyó un afiche pegado en una pared, era de una central obrera que convocaba a plaza de mayo a celebrar el día del trabajador. Dibujó en su mente un graffiti: ¡Feliz día de los oprimidos!, una sonrisa amarga se escapó de su boca.
     Viajó en el furgón de las bicis, recorrió con la vista el paisaje: semáforos, arroyos, pintadas que se superponían como los cuadros de una historieta.  Pensó en su relación con Natalia, con cierto dejo angustioso. "Necesito aire" le dijo ella. ¿Cómo me pudo haber dicho semejante pelotudez? Porqué la gente no dice las cosas tal cual son, loco... ¿De dónde viene eso de inventar metáforas pedorras? Estaba muy quisquillosa últimamente, rara...   
     Pero las cosas por su nombre, Naty... Daba vueltas a ese pensamiento como una calesita y cada vez sentía la sortija más lejos. Mejor no le digo nada y veo si está arrepentida, quizá simplemente estaba confundida. Últimamente estuve hecho un satélite, medio me lo merezco. ¿Y si mejor dejó que ella hable? Tenía el estómago como un revuelto Gramajo.
Llegó a plaza Miserere después de un trasbordo tumultuoso en el subte A. Salió a la superficie y lo sorprendió el cambio de tiempo. El sol en el centro se va temprano, pensó, y apuró un cigarrillo antes de entrar, para ordenar sus pensamientos.
-Gastón, ¿Qué hacés acá? Ya me iba, pensé que no venías, te mandé un mensaje- Natalia lo sorprendió de atrás, tocándole el hombro. Estaba preciosa, con una campera de florcitas, que no le conocía, y una bufanda rara enroscada al cuello, pero con la misma sonrisa burlona de siempre.
-Se me hizo tarde, Monte Grande queda lejos sabés- le contestó, arrepintiéndose de su tono de reproche. -Igual está bien, de última agarro las cosas y me voy, si estás apurada, tengo la llave no te preocupes- quería mostrarse tranquilo pero las palabras hervían en su boca.
-Está bien, subamos, no hay problema, te estaba esperando igualmente- Natalia parecía despreocupada y atenta. Insertó la llave más grande del llavero y empujó la puerta de vidrio con gesto exagerado. Gastón se sintió incómodo y violento. En el ascensor percibió el olor de su pelo, el champú con gusto a coco, los rulitos negros que se le formaban detrás de las orejas. Entraron al departamento y se sintió más tranquilo, todo estaba igual que antes, no había cambiado un almohadón de lugar.
-Está todo igual- dijo Gastón y miró a su alrededor perplejo.
-Si, no pude tocar nada sabés, todavía no caigo- contestó Natalia sin mirarlo. -Te vas a tener que buscar las cosas vos mismo sabés, yo no pude juntar nada, nada- se le quebró la voz y se metió rápido en la habitación. Gastón fue detrás, pero lo detuvo el portazo.
-Abrime Naty, lo que pase lo tenemos que hablar, lo vamos a resolver juntos, por favor- A través de la puerta le llegaban los sollozos entrecortados. Empujó la puerta y la tranca estaba puesta.
-Abrí Natalia, abrí por favor- Gastón no quería levantar la voz pero estaba cada vez más enojado, todas esas volteretas a las cuales últimamente su novia lo tenía acostumbrado, lo habían hartado.
     Deprimido, comenzó a juntar las cosas. Buscó una bolsa. No sabía bien qué hacer. Hablaba sólo y resoplaba, mientras ponía un jean, unas remeras en su mochila. Lo hacía automáticamente, su mente nadaba en una laguna con neblina. Se dirigió a la cocina y empezó a monologar en voz alta: "La gente tiene que hablar sin tapujos, yo puedo entender absolutamente todo, hasta lo más inesperado, pero no me cabe en la puta cabeza los eufemismos como: "Necesito aire". Compramos un tubo de oxígeno, yo que sé, que me estás queriendo decir. Que soy un pesado, una persona absorbente como un secante. Si ya no me querés más, es algo tan natural. No vamos a ser la primer pareja que se separa, -¿Querés un perro?- preguntó Gastón envenenado. Al no escuchar ninguna respuesta de Natalia se desesperó aun más. Revoleó la pava contra la puerta y gritó:
-¡Cuando tengas ganas de afrontar la realidad me hablás, estamos! Te dejo la pava, tampoco te voy a dejar sin tomar un mate- Escuchó movimientos en la habitación.
-Me voy Naty, hablamos en otro momento- esto último lo dijo con miedo de derrumbarse. Sin embargo, salió del departamento como un zombi y mientras agarraba Rivadavia para el bajo, con el viento gélido en la cara, se le desparramaron todos los recuerdos que venía evitando desde hacía quince días. Caminó rápido con un nudo en la garganta.                                                           

CINCO

     En cuanto entró intempestivamente a la oficina y vio todos los boxes vacíos lo recordó de inmediato. "El desayuno de trabajo mensual del grupo de ventas de zona sur-sudeste, fuckoff...
     Una sobredosis de filminas sobre rankings, frases motivadoras, medialunas de manteca y café cortado. Mientras subía en el ascensor a la sala de convenciones tuvo ganas de vomitar. Pero al mirarse en el espejo pudo ver al chico de siempre, al que se anima a subir a la medianera para buscar la pelota, el que consigue monedas, el que encara a la más linda... Con una sonrisa confiada entró al auditorio. En la reunión habló con todo el mundo, embarró la cancha cuando fue necesario y se defendió de los buitres de siempre. A la salida se acercó su jefe, Claudio, con gesto condescendiente.
-¿Cómo está la cosa Gastón? Te veo entusiasmado, el nuevo software va a facilitar mucho la comunicación entre el Departamento de Ventas y Técnica
¿No te parece?- le dijo con la sonrisa crápula a la que lo tenía acostumbrado.
-Si, es genial- contestó Gastón.
-Escuchame, si se te complica con la cuenta nueva decime, y te doy una mano- Gastón lo escuchaba sin tener la menor idea de lo que hablaba.
-Vas a tener que irte hasta Rafael Calzada, pero parece que es una cuenta grande, son unos evangelistas o algo así, pero quieren como doce equipos, así que es tentador- Gastón lo miraba incrédulo, creyó advertir en las palabras de su jefe ese gesto libidinoso que tenía cada vez que lo perjudicaba en algo. Pero esa mañana algo en Gastón se había elevado, inexorablemente, nada lo iba a hacer bajar...
-Buenísimo ¡Vamos por ellos Claudio! Vos dormí tranquilo. Capaz que me convierto y todo, jaja. Me estoy yendo ¡El tiempo es oro!- Se despidió palmeándole la espalda. Mejor Calzada que este nido de ratas... pensó.
La calle estaba linda, todavía no eran las doce, pero el calor subía, decidió ir caminando a la estación, escuchando la radio por el celular.
     Cuando llegó a la estación de Temperley preguntó al boletero en que andén pasaba el tren que va a Rafael Calzada. -En cinco minutos sale. Andén ocho- Contestó conciso, un muchacho y continuó- No hay monedas, andá tranquilo-
     Se subió a un tren diesel y se sentó en un asiento de hierro pegado a la ventana. Ya había viajado en la chancha muchas veces, pero en el ramal que va a La Plata. Quilmes le parecía una ciudad fantástica, la peatonal, el boulevard pegado a las vías y el río como telón de fondo, la convertía en la ciudad más romántica. Llegó a José Marmól y una plaza enorme bordeaba la estación. Le pareció un pueblo escondido detrás del follaje amarillo caído de las copas de los árboles. Las calles anchas y las casas cómodas. Le pareció un lugar ideal para descansar, no había mucho movimiento. En cambio, Rafael Calzada era una ciudad más populosa, las madres cargando con los chicos, compraban en la interminable hilera de puestos que había en la feria. Caminó seis cuadras hasta llegar a una casa de venta de repuestos de autos. Lo recibió amablemente un señor de ojos vidriosos y calmos. Luego, siguió atendiendo a los clientes detrás de un mostrador. Cuando terminó de despachar al último cliente, lo miró con sus ojos mansos:
-Disculpá la demora, pero el comercio este es así, o no viene nadie, o vienen todos juntos- dijo el hombre que extrañamente tenía un cabello negro y tupido.
-No hay problema, no tengo ningún apuro-, contestó Gastón con una sonrisa y continuó, -Son unos pocos minutos los que te voy a robar. Tengo para ofrecerte unos equipos... -Sí, necesito cuatro equipos Nextel-, lo interrumpió el hombre,
-¿Cuando me los podés traer?-
-Mañana mismo-, le respondió con celeridad Gastón, -¿Usted tiene una duda sobre el sistema de comunicación? ¿Entonces serían sólo cuatro equipos? Porque me habían comentado de un sistema corporativo de doce líneas... Bueno tenga en cuenta que los costos bajan si son más... Gastón manipulaba las solicitudes lentamente, recreando un viejo ardid de los clásicos vendedores... Es una lástima, justo le había gestionado un plan excelente para doce móviles... Igual vemos como hacemos...- buscaba dubitativo en la mochila.
-Pasa que tenemos que hablar con los demás hermanos de la iglesia para decidir, si ponemos en línea los tres templos me conviene, sino no. ¿Entendés?- contestó sincero el Pastor, -¿Vos podés quedarte hasta las cuatro y hablás con todos?- le preguntó con urgencia.
-No tengo ningún problema, vengo a las cuatro- Gastón soltaba tanza del riel, estaba por picar el anzuelo.
-A las cuatro estoy acá, juntame a la gente, tengo una propuesta que les va a rendir, te lo aseguro- dijo convincente y se marchó.
Dio tres vueltas a la plaza elucubrando que podría hacer en esas tres horas en el centro de esa pequeña ciudad, tenía vista una parrillita, pero terminó en un ciber frente a la plaza.
De: natuodalisca@hotmail.com
Para: gastyedro@yahoo.com
My boyfriend: no sé bien como disculparme, estuve hecha una idiota, es que todo es tan vertiginoso para mí. Sos mi gigante, seguís siéndolo pero necesito encontrar mi propia sintonía, últimamente no estábamos haciendo contacto, sé sincero. A mí no me preocupa morirme de hambre si estoy convencida, y no sé si lo estoy, déjame archivar estupideces y cuando los dos estemos en la misma, nos juntamos y seguro terminamos bien. Y esto lo digo sin ninguna esperanza, y a la vez sé que estás del otro lado. Y eso, por más que no te vea en mi vida, va a tener sentido. Sabés que te amo. Naty.
PD: Te olvidaste el DNI. Hagamos las cosas bien...
     Qué manera de seguir dando vueltas, pensó en un primer momento Gastón, pero algo en el mail había sacado el puñal de su corazón, ahora veía como la sangre corría y los latidos de su corazón disminuían, lento y sabroso por donde se lo mire...Intentó responder el mail, pero escribía y reescribía una y otra oración sin quedar conforme. Al final no escribió nada. Cerró cesión, pagó y se marchó a la reunión que tenía con los del templo.
     Acá llego el muchacho de los Nextel, dijo el dueño de la casa de venta de repuestos a sus dos correligionarios, que tomaban mate y hablaban animadamente detrás del mostrador.
-Perfecto, dijo el más bajo de estatura y saludó a Gastón con un fuerte apretón de manos - Que Dios te bendiga- le dijo el restante que tenía una sonrisa inmaculada. -Igualmente para vos- le respondió Gastón afectuoso. Llenaron las solicitudes por los doce equipos, sin demasiadas vueltas. Cuando ya estaba cerrado el negocio. El hombre siempre sonriente le preguntó sobre cuestiones religiosas:
-¿Vos vas a la iglesia?-
-No- contestó Gastón y ante la mirada asombrada de los tres hombres, explicó:
-Todavía no tuve la necesidad, yo que sé...-, y los miró incrédulo.
-Yo decía lo mismo, y sabés como estaba- dijo el hombre de la sonrisa, que ahora había devenido en mueca.
-Así estaba, y comenzó a simular que tenía tembleque y movimientos espasmódicos-
-Y yo estaba así- Dijo el más bajo de estatura y comenzó a sacudirse como un perro en el suelo. El Pastor que era el dueño del comercio se río jocosamente y luego dijo: -Todavía estás a tiempo de salvarte-, Gastón los miró impávido. -Sí, todavía estoy a tiempo de tomarme el tren de 17. 15 hs- les respondió lacónicamente mirando el reloj. Cuando se fue del negocio, tuvo sensaciones encontradas. Por un lado, estaba contento por haber logrado la venta, y por otro, le pareció que esas personas creían sabérselas todas. "Son buena gente, pero no dejan de ser unos fanáticos" reflexionó y decidió tapar el tema con una mano de látex sobre su mente.


SEIS

     Cuando llegó a su casa ya había oscurecido. Estaba exhausto, había vuelto en el eléctrico, desde Temperley hasta Monte Grande, apretado como una sardina. Entró al comedor y estaba tan frío el ambiente como el iglú de un esquimal. Fue hasta la cocina y prendió las cuatro hornallas. Caminó hasta la pieza, su abuelo no estaba allí tampoco. Salió al jardín y descubrió al viejo trepado a la cabina de gas, se ocultaba torpemente con la ligustrina, parecía un soldadito de cotillón.
-¿Qué hacés a esta hora y acá, abuelo?-
-Shhh, que se van a ir...-
-¿Se van a ir quiénes?-
-Las minas boludo- dijo agitado. Gastón intrigado, se subió al techito de la cabina de un salto. Del otro lado de la medianera, se veía a cuatro mujeres bailando en un quincho. Había un fueguito prendido en la parrilla, algunas achuras dorándose, que una de ellas, la más gordita vigilaba.
-No me mirés a la pelirroja que es mía eh...-le susurró el viejo y se sonrió a medias.
-Viejo pero no boludo- le contestó Gastón por lo bajo.
     Las mujeres tenían más de cuarenta seguro, pero todavía la peleaban. Tomaban cerveza del pico de una botella de litro y hablaban a los gritos, parecía una despedida de solteros, pero al revés. No se entendía bien lo que decían porque había una radio que estaba muy fuerte, con un tema de Luis Miguel sonando. La pelirroja comenzó a bailar tambaleante, sosteniéndose con el marco de la puerta, las dos restantes conversaban animadamente y la alentaban dando grititos. A Gastón se le dormían las piernas de estar agachado, pero la cosa se estaba poniendo buena. El abuelo murmuraba frases libidinosas que, por suerte para Gastón, eran inaudibles.
-¿Es un cumpleaños abuelo?- soltó Gastón por decir algo.
-No, se juntan todos los lunes, son maestras del colegio de curas de la rotonda, la parrillera creo que es la directora. Son terribles, yo ya las conozco a todas, mirá nuestra vecinita de al lado, la más fina, lejos...- el abuelo miraba embelesado a su princesa. La pelirroja que bailaba como poseída, comenzó a desabrocharse de a uno los botones de la camisa. La gordita no dejaba de relojearla y cagarse de risa.
- Mirá, mirá- dijo el abuelo excitado. Gastón, desprevenido, levantó la cabeza, quería verlas de frente. Una fuerte tensión sexual subió como una bocanada de humo. La gordita que seguía de muy cerca a la pelirroja, dejó la cuchilla en la mesa y comenzó acercársele, la colorada amenazaba con soltarse el bretel del corpiño. Como una leona que está al acecho, la tomó de la cintura y la besó suavemente en el cuello. Estalló la carcajada de todas.
-¡La puta madre! ¡Es mía!- el grito del abuelo atravesó las risas y todas miraron hacia la medianera.
Gastón bajó al abuelo de un manotazo y el viejo cayó arriba de él.
-¿Estás bien abuelo?-
- Si, deben ser un par de costillas rotas, pero no es nada, una vez me caí del tren en el año 30, casi llegando a la estación Barracas que ahora se llama Yrigoyen...
-¡Abuelo, estás arriba de mi pierna!- gritó Gastón.
-¡Esta juventud de ahora no la entiendo!- dijo por lo bajo y se marchó rengueando hacia su habitación.
     Ese viernes por la noche Gastón no conciliaba el sueño de ningún modo, daba vueltas en la cama y las sábanas le pesaban en las piernas. Se levantó para mojarse la cabeza y terminó sentado sobre las baldosas del patio tomando el último sorbo de un anís 8 Hermanos que había encontrado en el fondo del aparador de la cocina. Hacía más de dos semanas que se había mudado y todavía no se acostumbraba al silencio del segundo cordón del Conurbano. Extrañaba el murmullo del departamento de Once, la calefacción y las piernas de Natalia enredándose con las suyas, mientras amanecía de a poco. Los ronquidos del abuelo traspasaban el mosquitero y se esparcían en la noche. Iba a ser difícil acostumbrarse a esta vida de varón solo, churrasco y ensalada y heladera vacía. Su abuelo lo había recibido con los brazos abiertos, aunque le aclarara una y mil veces que era tan sólo por unos días, no había preguntado nada cuando los días se alargaron.
     El ruido de un estornudo femenino se oyó como si hubiera ocurrido al lado suyo. Pensó en las chicas y despacito se subió a la cabina de gas, quizá, si la suerte lo acompañaba a la pelirroja le había dado insomnio. Pero el quincho estaba desierto. Desanimado volvió a la cama con una botella de Seven Up Ligth, privilegios de la ancianidad a los que se iba adaptando gustosamente...
     Los días de mayo se iban acortando aceleradamente y no había noticias de ninguna novia arrepentida. El abuelo se iba acostando cada vez más temprano, y las señoritas maestras hacía dos semanas que misteriosamente ya no aparecían. Gastón se dedicó a ver películas en el living, con licor de chocolate y con gustosas chipás, que compraba cuando volvía de trabajar, a un señor que las llevaba en un canasto de mimbre sobre su cabeza. Los días se hicieron cada vez más cortos y las noches más largas. El invierno era muchísimo más crudo en Monte Grande que en el centro, para colmo su abuelo era un tipo que vivía como un asceta, no prendía la estufa, no cocinaba con el horno. Estas cosas a Gastón lo sacaban de quicio, pero en términos generales, se puede decir, que la compañía de su abuelo era lo más grato que le había pasado en este último mes.


SIETE

     Era un domingo de lo más soleado, promediaba el mes de julio y el abuelo y su nieto disfrutaban de los tibios rayos de un mediodía de invierno en el patio. Leían el diario y escuchaban una audición de tango, cuando el teléfono del comedor comenzó a sonar. Tanto Gastón como su abuelo no hicieron el más mínimo esfuerzo por levantarse. Pero el teléfono sonó, sonó y siguió sonando. Gastón resopló y tiró el suplemento deportivo al piso, se incorporó y caminó con paso cansino, su abuelo tarareaba una milonga que pasaban en la radio.
- Hola, ¿Quién habla?-
- Hola Gastón, soy yo, tu viejo...-
- Ah que hacés papá, ¿cómo va eso?- preguntó Gastón y caminó con el inalámbrico a lo largo del pasillo.
- Mis cosas, muy bien- Dijo el padre y continuó- Sigo con mi cátedra, y con la banda recorriendo el sendero de un artista, que más puedo decir. No me puedo quejar...-
-¿Un sendero? ¿Qué sendero pá?- preguntó Gastón confuso.
-Es una metáfora Gastón, quiero decir que estamos tocando con la orquesta, en la cual, yo soy el director y bandoneonista. Este sábado nos presentamos en la Academia Nacional del Tango- .
-¡Qué bueno!- le respondió Gastón y recordó a su viejo empeñando el bandoneón, cuando no tenían un mango y vivían en esa vieja casa de Lanús Este. Por suerte, su querida madre, que en paz descanse, fue a la casa de empeño y lo recuperó. La mamá de Gastón, que además de haber sido una excelente modista, tenía el talento de hacer mucho con muy poco, sabía cuidar a los suyos.. Lo cierto fue, que una noche volvió a casa con el bandoneón laqueado para asombro de todos. Siempre se las arregló para que a Gastón y a su marido no le faltara nada.
-Gastón, hola, estás ahí- preguntó el padre.
-Si estoy acá, es que me acordé de algo- dijo Gastón volviendo en sí.
-¿De qué te acordaste?
-No, de nada…- dijo Gastón ya reponiéndose anímicamente.
-¿Y cómo están Nico y Lucho?- preguntó al fin.
-Bien, Nico empezó la escuelita de fútbol, está entusiasmado, parece que es zurdo como vos y Lucho empezó este año el jardín- le contestó el padre.
-Bueno me alegro mucho. Mandale saludos a Nara-
-Para, para. Vas a venir el sábado- alcanzó a preguntarle.
-¿Adónde?- preguntó Gastón
-A la Academia Nacional del Tango, vos me escuchás cuando te hablo, toco con la banda.- dijo el padre mordiendo las palabras.
-No sé, después te confirmo-
-Bueno espero tu llamado, después podemos ir a comer algo y charlar un poco, que no nos vemos hace un montón- concluyó el papá.
-Dale, hablamos- Gastón cortó y se dirigió al baño.
     La invitación de su papá lo había comprometido a Gastón en cierto modo. Aunque no estaba dispuesto a sostener ninguna escena familiar falsa, ni desperdiciar el poco tiempo que no le robaba el laburo. Tampoco iba a aplaudir cuando tocara " La pulpera de Santa Lucía". "Ese tema, es un yeite de los tangeros que no quieren arriesgar", le había recriminado Gastón en una cena a su padre, sobre el repertorio de la banda.
     Pero el sábado no hubo ningún programa tentador y además se le había ocurrido una idea genial: ir con su abuelo. El viejo, para sorpresa de Gastón, no había dado demasiada vuelta.       -Papá dijo que quería que vayas vos, dale, no seas hijo de puta...- mintió Gastón para que fuera.      -¡Acá el hijo de puta no soy yo, carajo!- se engranaba el abuelo, pero a la vez le aparecía el brillito de cierto orgullo redimido. Finalmente, después de mandarse la parte un rato, con que siempre fue el único que trabajó. ¡Desde los dieciséis años! y toda esa cantinela, se fue a bañar sin chistar. A las cinco menos cuarto ya estaba con camisa de viyela y perfumado hasta las orejas, sentadito en el medio del living.
-Salimos a las siete abuelo, tampoco vamos a ser los boludos que abren el boliche... Soltó Gastón en calzones y remera mirando el partido del nacional B de canal siete.
El viejo no dijo ni mu y espero paciente tomando mate.
-Te gusta irte de farra, ¿Eh viejo?- Soltó jocoso Gastón mientras se echaba desodorante.



OCHO

     Fueron como una flecha, no tuvieron que esperar milagrosamente, ni el tren, ni el subte. En una hora y quince estaban ingresando a la Academia Nacional del Tango. El abuelo estaba radiante, con una camisa a rayitas, un ambo azul marino y un pañuelo de seda al cuello, que le daba aires de capitán de barco. Gastón lucía un jeans gastado y unas zapatillas sobrias, pero se había puesto una chomba verde nueva que lo potenciaba bastante.    Llegaron para el final de los discursos, por suerte, y se sentaron adelante. La banda de tango que cerraba el evento comenzó a sonar. Arrancó el papá de Gastón, maniobrando las primeras notas en su viejo fuelle.
     Promediaba una milonga y en la parte de adelante se había improvisado una pista con los más entusiastas. El abuelo murmuraba con los ojos entrecerrados y Gastón seguía el ritmo con la punta del pie. Por delante de sus ojos, una pollera gris revoloteó y los dos vieron a la misma pelirroja, como una aparición sorpresiva. La mismísima bailarina erótica había saltado la medianera de su casa y estaba frente a ellos, moviéndose cadenciosamente.
Al empezar una nueva pieza, el abuelo se adelantó sigilosamente y con soltura le dio vida al último vals de la noche, de la mano de la vecina, que a esta altura se movía como un delfín en el agua.
-Qué casualidad venir a encontrarnos acá- dijo la vecina, que resultó llamarse Laura, profesora de Ciencias Sociales y fanática del tango, sobre todo de la Guardia Vieja.
-Vine por mi nieto- se disculpó el abuelo, dejándole el asiento elegantemente.
- Yo vengo bastante a las milongas, con mis compañeras del colegio. Se vinieron desde Monte Grande...- Miró a Gastón con curiosidad y al segundo volvió al abuelo. ¿Nos volvemos juntos entonces, no?- Sonrió con simpatía y se despidió de los dos.
Charlaron unos minutos con Aníbal, papá de Gastón, que guardaba el bandoneón con parsimonia en una caja de madera.
-Ahora se vienen a comer a casa-, invitó.
-Papá, Cogland nos queda para el orto. Otro día seguro- contestó Gastón que ya estaba hinchado las pelotas. Se tiraron rosas un poco y se despidieron prometiéndose mutuas visitas. El aire frío que venía del río los despabiló en cuanto salieron a Avenida de Mayo.
Caminaron para el bajo. En la esquina, la pelirroja vecina se despedía efusivamente de dos amigas. Gastón quiso esquivarla bajando a la calle, pero el abuelo no lo acompañó.
-¿Nos volvemos?- dijo la mujer con mirada chispeante.
- Si, nosotros vamos hasta la nueve de julio, para volvernos en la combi. Se escuchó a sí mismo y le pareció que proponía el peor programa para rematar la noche. Por suerte para todos, la señorita sacó de su enorme cartera las llaves de un auto. Así fue que se subieron a un 147 blanco con los vidrios polarizados, Gastón fue contento como una criatura en el asiento trasero, cruzaron veloces la autopista 25 de mayo buscando una radio de tango "en serio". Las risas y el viento le hicieron perder la mayor parte de la conversación entre ella y el abuelo, pero el viejo se las arreglaba increíblemente para desatar una risa a la muchacha tanguera, cada dos kilómetros. Lo cual era un buen promedio para cualquiera, pensó Gastón mientras dormitaba en el asiento.
     Frenaron de golpe, como en casi todas las bocacalles que venían cruzando.
-Llegamos muchachitos- dijo Laura apoyándose en el volante.
-Te abro el portón.- se adelantó el abuelo solícito.
-Es eléctrico, no te preocupés, lo abro yo. Lo que sí, mañana te traigo el DVD que yo te digo, en el que Gardel canta un chamamé, te lo juro- dijo risueña.
-Eso hasta que no lo vea, no lo creo- discutió el abuelo sosteniendo el asiento para que salga Gastón. Se despidieron con un beso ruidoso y el abuelo permaneció en la vereda como un caballero, hasta que el auto desapareció detrás del portón de rejas. El abuelo Jorge entro revoleando las llaves sobre la mesa, y con gracia, improvisó un paso de milonga en el living semi oscuro.

NUEVE

     Gastón tenía una reunión con su jefe, a las 15.30, en la oficina comercial de Varela. Ya eran las cuatro de la tarde, y del jefe ni noticias. Se puso a matar el tiempo, mirando series americanas en youtube. Le gustaban los diálogos de "Seinfeld". Pero su serie preferida eran "Los Simpson", fundamentalmente los primeros capítulos. Donde la línea del dibujo es más deforme y grotesca, y Homero era más salvaje e incorrecto. No así las últimas temporadas.
Se abrió la puerta y entró por el hall central Claudio, que cargado de carpetas, transpiraba y avanzaba casi arrastrándose.
-Prefiero ganar dos lucas menos, pero no tener hipertensión, stress y colesterol alto- le dijo Gastón jocoso a su jefe, ayudándolo con las carpetas….
El jefe lo miró severo, pero después se río sin poderse contener.
- ¡Qué bien que estés de buen humor! Porque tengo que decirte algunas cosas que no son agradables- le contestó sarcástico.
–No te preocupes, no esperaba tampoco un ascenso- le retrucó Gastón, que para ser irónico tenía la escuela de su abuelo. – Dejá las carpetas en recepción, y venite en diez minutos a mi oficina- le ordenó su jefe. Claudio no era un hipócrita, y esto no era poco para un jefe "Prefiero un hijo de puta a un hipócrita" le había dicho una vez un amigo. Afirmación con la cual, Gastón estaba absolutamente de acuerdo. Sin lugar a dudas, era preferible saber con quién se trataba, aunque fuese el peor asesino, y no convivir con alguien que te dice que te quiere, que quiere tener hijos con vos, y de un día para otro te fulmina con una frase como "necesito aire" o " la nuestra es una relación estéril" Ya no tenía sentido seguir dando vueltas sobre eso, se dijo a sí mismo y se dirigió a la oficina del jefe.
-Bueno Gastoncito, a ver que tenemos aquí- Claudio miraba la pantalla de la laptop y con su mano derecha se rascaba la pera. Gastón se mostraba impasible. Ese tipo de reuniones ya no lo asustaban. Era una revisión de los resultados del trimestre.
-Sobre el pucho remontaste un poco- le dijo el jefe y continuó: -Te salvo Cristo Rey de Rafael Calzada-
-Dios aprieta pero no ahorca- respondió Gastón.
-Está bien, pero este trimestre tenés que vender mucho más- dijo enfático.
-Como si no quisiera Claudio, ¿O vos crees que no me gustaría ganar la totalidad de premio trimestral?-
-Bueno, entonces queremos lo mismo- reflexionó el jefe y continuó- Ahora con esta nueva zona que te adjudiqué vas a poder duplicar las ventas sin inconvenientes-
-Bueno, bueno, que ya sé que soy bueno pero tampoco te quiero desilusionar- Dijo Gastón abrumados por los objetivos.
-No es porque seas bueno o malo, cualquier ejecutivo de ventas debería poder alcanzar estos objetivos.- dijo Claudio y le alcanzó una hoja con las metas.
Gastón leyó desanimado la papeleta. -Está bien, voy a ser lo que pueda- concluyó Gastón sin darle importancia a sus palabras. Eran las seis de la tarde y para colmo estaba lejísimo de su casa. Tenía unas ganas enorme pegarse una ducha bien caliente.
-Una última cosita Claudio, para cerrar-Antes de retirarse, se acordó de algo de suma importancia para él.
-Si decime- le contestó el jefe que no despegaba la mirada de la máquina.
-Si yo cumplo con los objetivos, ¿Me aumentan el sueldo?- preguntó, y sin dejarle contestar le recordó: -Te acordás que ya lo habíamos hablado y me habías dado el okey-
-Me acuerdo, pero nunca te dije que si-
-Pero entonces cómo es, me dan una nueva zona, me suben el objetivo de ventas pero ustedes no mueven un dedo- dijo Gastón irritado.
-Yo no dije que sí, pero tampoco dije que no. Lo que te puedo adelantar es que eso esta hablado con el gerente comercial y él se comprometió que lo iba a estudiar- le contestó mirándolo a los ojos.
-Bueno espero que no sea tardo en aprender- dijo Gastón destilando veneno, mientras se colgaba la mochila y se marchaba.
     Agarró el 79 en la terminal, que estaba limpia y con olor a Poett. El calorcito de la gente y los baches de Pasco funcionaron como el mejor somnífero y casi se podría decir que no durmió: quedó inconsciente. El viaje de Temperley a Monte Grande fue corto y casi no le dio tiempo a maldecir su suerte, antes de las nueve estaba en el almacén de la esquina comprando una bochita de mortadela y dos cervezas descartables bien heladas. Quería meterse en la cucha lo antes posible. Mirar el noticiero con el viejo, algún partido perdido...

DIEZ

-Hooola- se anunció en la oscuridad del living. Qué raro, ¿Dónde se metió este viejo?- Escuchó risas de mujer que venían desde el patio cubierto y pensó inmediatamente, esa no puede ser mi abuela...
     En el jardín techado, sentados en los sillones de hierro con almohadones a rayas azules, estaban su abuelo y la vecinita de al lado charlando animadamente..
-Hola- interrumpió Gastón parado ridículamente en el medio del patio, con la mochila puesta.
-Hola hijo- lo saludó su abuelo con notable simpatía.-Te acordarás de mi nieto...- dijo con tono embelesado.
-Claro, ¿Cómo andás nene?- la mujer se levantó de inmediato. Gastón saludó mecánicamente, estaba pasmado por la sorpresa. ¿Qué hace esta mujer acá?, pensó para si mismo. Sobre la mesa había un moscato con unos palitos salados, restos de queso y un cenicero con colillas Virginia Slims.
-¿No tienen frío acá?- fue lo único que se le ocurrió decir.
-¡Es lo que le digo a esta muchacha! Pero ella insiste en que no le gusta fumar adentro de las casas. ¡Por dios! En mi tiempo podías fumar al lado de un recién nacido que no pasaba nada, era más fuerte la gente, viejo...- dijo el abuelo yéndose de pista como siempre.
-¡Ay, si no es problema! Además está preciosa la noche- contestó la mujer y cruzó una mirada eléctrica con el abuelo. -¿No querés tomar algo?- le preguntó amable.
-Nooo, gracias, me encantaría. Te venía a avisar abuelo que me voy a la casa de Hernán a cenar- dijo comprendiéndolo todo en un segundo.
-¿Viniste hasta acá a decirme que te vas?- le preguntó brusco el viejo.
-Bueno... dejalo, encima que te avisa.- intervino la vecina con tono simpático.
-Un gusto de nuevo señora, nos estamos viendo- se despidió educado Gastón.
-Voy a buscar hielo. Esto caliente te hace doler la cabeza- adelantó el abuelo siguiendo a Gastón a la cocina.
-¿Qué guardás ahí?- preguntó el abuelo esperando su turno al lado de la heladera, mientras Gastón descargaba las provisiones en el estante del congelador vacio.
-Te traigo refuerzos, por las dudas...- contestó con una media sonrisa.
-No me cargués pendejo- dijo, esquivando la mirada y descargando la cubetera en un tupper rojo. -No llegués tarde, después de la cena en lo de Hernan, que mañana tenés que laburar...- dijo y soltó una risita socarrona.
-Voy tratar. Vos cuidate viejo, mirá que ya no sos un pendejo y en el patio hay una corriente de aire...- se despidió Gastón cerrando la puerta tras de sí para no escuchar la puteada del abuelo.

ONCE

     Cuando estuvo en la vereda, se dio cuenta que no tenía donde ir. Estaba contento por su abuelo, pero hacía un frío bárbaro y ni siquiera había podido ir al baño. Llamó a Hernán y le dio directo la casilla de mensajes, -Seguro que todavía está laburando.- Decidió dar un par de vueltas, hasta que se le ocurriera algo. Sacó una tuca del bolsillo, que era lo único que había rescatado antes de marcharse. Fumó placenteramente y se dejó llevar por su instinto. Caminó y caminó, sin seguir un rumbo fijo. Antes de llegar a Boulevard Buenos Aires sintió que le chistaban desde atrás.
-¡Gastón Aníbal Galliano! Desde las sombras espesas, debajo de un álamo, la figura de una mujer se transparentaba como un fantasma. Tuvo miedo de estar alucinando y se echó para atrás.
-¡No tengas miedo! ¡Soy yo! ¿No me reconocés?- la silueta se acercó a la parte iluminada de la vereda. Era la vecina de camisón blanco que había cruzado la otra vez.
-¡Soledad!- dijo Gastón maravillado.
-¡Que hacés chiquito!- Dijo la chica y le dio un beso.
     Gastón no lo podía creer, estaba frente a la chica Spataro, la muchacha más preciosa que había conocido en la secundaria. Fue su compañera de Inglés particular durante varios años, pero hacía mucho tiempo que no sabía nada de ella. Era una de las tantas amistades que se había hecho al mudarse a los catorce años a la ciudad de Monte Grande. Cuando su papá lo envió a vivir con los abuelos, después de la muerte de su mamá. Anibal trabajaba de viajante de comercio, su itinerario y la profunda depresión en la que se había estacionado le impedían cuidar de nadie.
      En el barrio Gastón hizo grandes amigos, muchos de ellos todavía estaban por ahí, como el Titi y Hernán. Pero la mayoría habían entrado en una nebulosa hacía años, que le impedía saber prácticamente nada de ellos. Pero ahora, nuevamente parado frente a ella, todas las tardes de la adolescencia se cristalizaban en los ojos verde amarillentos de Soledad, que lo miraba como si recién se hubiera quitado el blazer y la camisa celeste.
- ¿Que hacés caminando por la calle a esta hora?- le preguntó Gastón intrigado.
- Descanso- contestó Soledad naturalmente.
-¿Cómo es eso?-
- A ver- dijo Soledad y empezó a enumerar con los dedos- Descanso del trauma bipolar de mi jefa, que a los dos minutos de felicitarme me amenaza con suspenderme; descanso de mi ex-marido que todos los días inventa algo nuevo con su abogado para hundirme en lo más profundo del fango; descanso de mi mamá a la que todos los días le duele una parte del cuerpo diferente, etc, etc,etc... Mirá, no tengo ganas de seguir porque ahora estoy en mi elemento- dijo esta última frase con una mirada resplandeciente.
-¿En tu elemento?- preguntó Gastón que la escuchaba maravillado.
¡Ahora estoy sola por fin! A lo sumo se escucha el motor de un auto rezagado a lo lejos, o te cruzás con alguien que busca apaciguarse en la soledad y silencio de la noche, ¿no?- dijo Soledad y lo miró a Gastón esperando una respuesta.
-Digamos que no es mi caso-contestó Gastón, después de un breve silencio. Yo salí a dar una vuelta porque mi abuelo... eh... como te puedo explicar-dijo Gastón dubitativo hasta que encontró la frase adecuada, -Mi abuelo está cortejando a la vecina. Eso, exactamente- afirmó sonriente.
-Ja,ja. No te puedo creer. Tu abuelo es el viejito de la gorra, que se llama Jorge ¿No?, que grande...- Soledad y Gastón reían. Ella estaba preciosa como siempre. Esa mirada etérea Gastón la había guardado en los más profundo de su inconsciente y ahora resurgía como las flores en primavera.
-Bueno, voy a seguir mi camino- dijo Soledad.
-Yo voy a ir a comer algo, si querés sumarte podés alejarte del mundo con la panza llena- le propuso con tono amigable.
-Otro día puede ser pollito. Ahora me voy porque me enganché con una serie de ex famosos de Vh1 ¡Qué tiene el guión más cínico que vi en mi vida! Parece "Crimen y Castigo", jaja- dijo Soledad plantándole un beso húmedo en la mejilla -¡Qué sigas bien!- y se fue desapareciendo en la sombra de la vereda.
-Vos también. Seguro nos cruzamos otra noche Sole- alcanzó a decir Gastón antes que la estela de camisón desapareciera de su vista.
     Gastón encaró para la parrillita de la estación. No quería pecar de inoportuno. Apuró un sandwich de bondiola con una cerveza, antes de emprender el regreso. La casa estaba oscura y silenciosa, y con olor a cigarrillo. Se dio una ducha rápida y se metió en la cama. Los ronquidos de su abuelo, esa noche, sonaban menos atronadores; como escuchar en la oscuridad el tren desde la cama. Entre amables pensamientos, después de mucho tiempo, pudo tomar una decisión importante:
Voy a comprar una estufa de tiro balanceado, porque en esta casa te cagás de frío!- pensó en voz alta. Después de muchas noches, Gastón pudo dormirse, sin dar cien vueltas en la cama.

sábado, 19 de enero de 2019

El millonario suicida


  Todo el mundo habla de Piglia, pero yo les voy a contar la verdad, el libro más interesante que escribió Ricardo Piglia, se llama “Formas Breves” (1999). No es un libro de cuentos, ni una novela; sino que es un libro de teoría literaria. Cual pez en el agua, es en el ámbito en que mejor se desenvuelve el  escritor de Adrogué.
  En su tesis sobre el cuento, Ricardo Piglia, revela una idea para un cuento, que Chejov escribió en uno de sus cuadernos de viaje:
  “Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a su casa, se suicida.”
  Ricardo Piglia utiliza esta anotación que hizo Chejov, para demostrar el carácter doble del cuento, quiero decir que el gran aporte a la literatura de los cuentistas clásicos, además de sus finales imprevistos, son las dos historias que se van hilvanando al escribir un cuento, una historia superficial, que es la que se muestra al público lector, y otra historia subterránea u oculta, podríamos decir, que como una puñalada en la boca del estómago, se revela al final del texto.
  El trabajo del cuentista clásico sería mostrar algunos elementos en la superficie del relato y dejar que el lector construya el verdadero significado de la narración, que es todo aquello que reside debajo de la superficie. No estoy diciendo nada nuevo, es la teoría archiconocida del iceberg, de Ernest Hemingway (1899-1961).
  El escritor que rompe con esta manera de escribir cuentos, sin lugar a dudas, es Raymond Carver, aunque creo que también lo hacen varios otres. Jerome Salinger, Lucía Berlín, son los que ahora me vienen a la mente.
  Lo maravilloso de Carver, es que en su obra, que los críticos denominaron como realismo sucio, hay siempre un hilo amenazante, en cualquier momento, los protagonistas de sus cuentos podrían volarse la cabeza de un escopetazo, pero no lo hacen, resisten estoicamente, a pesar de haberse separado de su pareja, o haber perdido todos sus bienes en un embargo, ellos deciden mantenerse en pie. Los personajes de los cuentos de Carver, vendrían a ser lo inverso al protagonista de la idea del cuento de Chejov, (que gana un millón y luego se suicida). Ellos son ciegos, alcohólicos recuperados o en recuperación, sujetos depresivos, mujeres de clases sociales bajas, pero sin embargo la siguen luchando, no se suicidan. Grisel los llama algo así como los escritores de la resiliencia.
  Me encantan los escritores de la resiliencia. Se me viene ahora a la cabeza el escritor Karl Marx, el escritor de la obra más importante de la modernidad, El Capital (1867), que la escribió en una mesa rodeado de chiquitos que tironeaban de su barba y tomaban el té con un mendrugo de pan, mientras los cobradores golpeaban la puerta de su pensión, intentando vanamente cobrar sus deudas. Quiero decir, que en esas circunstancias, él creó la teoría del plusvalor.
  No me quiero dispersar, porque antes de finalizar este pequeño ensayo, quiero contarles algo importante. ¿Ustedes saben porque el hombre que va al casino de Montecarlo, gana un millón, vuelve a su casa y se suicida? ¿No lo saben? Bueno yo si lo sé, pero no se los voy a contar, porque como dice Paul Auster, que escribió dos grandes  novelas que se llaman: “El Palacio de la luna” (1989) o “Leviatán” (1992), pero que también, hay que decirlo, escribió un montón de novelas malas, como “Viaje al Scriptorium” (2006). Bueno, el escritor prolífico de Nueva Jersey, dice, escuchen, que  es trabajo de cada lector crear su propia experiencia, habitar ese espacio, al cual, la prosa del escritor no llega. Por esta razón, queridísimos lectores, no les voy a contar cual es la razón que lleva a ese hombre a tomar tan extrema decisión. Es importante que lo piensen, porque si no es así, pueden caer en el mismo error garrafal que tuvo el capitán del Titanic, que creyó que la punta de un icerberg, era simplemente un cubito de hielo…


sábado, 22 de diciembre de 2018

Para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero

"Sí señoras, señores, jóvenes y niñes también! ¿Por qué no?
Una super, archi, hiper, mega, re, ultra oferta literaria, que naides puede despreciar!!!
En ninguna librería, quiosco, boutique, encontrará semejante calidad a tan bajo precio como aquí.
Tantos escritores que hablan de la desigualdad y no se les cae una moneda...
Aquí no, la mercancía somos nosotros...
Se aceptan todo tipo de devoluciones!!! En especial abrazos.
Por favor, vengan, entren, que los atenderemos como ustedes se lo merecen!"

sábado, 10 de noviembre de 2018

Heterotito

No te lo pierdas! Nuevo post en: Un paso más en la batalla.

Hemos dicho Escondete!

viernes, 28 de septiembre de 2018

Literatura de bolsillo

¡No te lo pierdas!

Poemas para comer de un solo bocado  

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¡Acá!



Hemos dicho, Escondete!

domingo, 12 de agosto de 2018

Un paso más en la batalla.

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Literatura social. Por este mismo canal, no te lo pierdas!


jueves, 8 de febrero de 2018

Diario de viaje a Uruguay “El regreso”


Día 1
  5.15 AM. Tomamos el colectivo línea 37 cartel Ciudad Universitaria en su terminal de Lanús.
  8.10 AM. Aeroparque, viajamos en un Boing 737 hacia la ciudad de Punta del Este.
  9.30 AM. Desde el aeropuerto de Punta del Este, caminamos cargando nuestras mochilas hasta la la garita de colectivos. Cruzamos la ruta y esperamos 40 minutos el colectivo local, que nos llevó a la terminal de buses de Punta del Este.
En la terminal de ómnibus de la península uruguaya, veo el ir y venir de micros. El cigarrillo para muchos uruguayos resulta ser un hábito saludable, por lo menos, eso parece a simple vista: veo a una madre, alrededor de 50 años, que ofrece un pitillo a su hija (16-17 años). Mientras esperan su ómnibus, conversan y fuman placenteramente.
¡Punta del Este es carísima! Para que se den una idea, un paquete de puchos Nevada, cuesta 150 pesos uruguayos.
Corrección, extendemos nuestra indignación a todo el territorio uruguayo, los puchos están eso…
(Nota del redactor, a posteriori).
Mirador del Camping El Cocal.

  20.30 PM. Llegamos al camping El Cocal, ubicado a unos pocos kilómetros del pueblo La Esmeralda. En un primer momento creímos haber encontrado el lugar ideal para acampar, pero con el paso del tiempo fuimos tomando conciencia de los obstáculos que pone la administración del camping al buen acampante.
Alquiler de parrilla: 50 uruguayos.
Recarga de celular: 20 uruguayos.
Agua caliente: 20 uruguayos.

Día 2
Nos levantamos a la mañana y mientras tomábamos unos mates con mi compañero y el sol nos comenzaba a blanquear como a un filet de merluza, caímos en la cuenta de que estábamos en la peor seudo parcela del camping, Mauro comenzó una búsqueda juiciosa de una nueva morada. El destino quiso que una pareja surfer buscara nuevos horizontes en las playas charrúas y nos legaron, sin querer, el espacio más fresco y organizado de Rocha. Establecimos, envalentonados por nuestro éxito de principiantes, que el objetivo primordial del día era buscar por todos lados: playa, pueblo, ruta; un alambre para fabricar un símil de parrilla.
Segundo objetivo: conseguir macoña.
“Mi primer alimento fue leche materna me enchufaron nesquik como cosa buena Yogures Petit me compraba mi abuela Serenito, Yimmy, postrecitos de mierda…” Cantamos Caca en la cabeza de Sofia Viola antes de ir a dormir.

Día 3
“El que lee esto es un torpe.”
Día 4
Todas las vidas son interesantes. Hoy en la noche llovió un ratito y con Mauro cerramos el cierre de la carpa a la madrugada y volvimos a dormir plácidamente como si estuviéramos en Escalada. Con tanta actividad diurna: subir y bajar dunas para ir a la playa, prender fuego, unas diez veces, enfocar con la linterna la comida para ver si esta cocida, o bañarte con gotas de aguas hirviendo, pueden ser actividades sumamente desgastantes, pero resulta la mejor receta para dormir como un bebe recién bañado y comido.

Poemas de Cielo
Muchas dunas, mucho sol, en este mar, siempre soy yo.
Arena en mis pies, mar muy profundo, pero con una sonrisa, yo me tomo un jugo.


Lluvia
Los onerosos y precarios servicios del camping generan creatividad y resiliencia en nuestro equipo, después del cambio de parcela, estamos como queremos.
Hace cinco horas que llueve intermitentemente, por suerte tenemos tortillas santiagueñas que hicimos ayer a la noche. Una chica muy simpática y amable me invitó a un encuentro de poesía, que se realizará en el camping el fin de semana que viene. Me parece una propuesta genial, pero pensar en tantos días en una carpa con esta lluvia, me parece una condena medieval. Hasta que no salga el sol en la isla de Guiligan, creo que con Mauro no nos va a entusiasmar nada, ni un asado con vino tinto en la finca de Pepe Mujica.

¿En qué se diferencia un ser humano de un animal?
Yo me diferencio de un animal porque puedo resguardar el alimento del alcance de las hormigas, y la leña seca dentro de la carpa cuando llueve. La esencia probatoria del paso del hombre en el mundo es su trabajo, dijo Carlos Marx.
Lucha de clases
Escuchamos canciones melódicas en la radio uruguaya:
“Darte un beso es como tomar un vaso de agua helada” Estas y otras comparaciones por el estilo suenan y suenan en la radio del pueblo de Castillo. Griselda larga la siguiente reflexión marxista:
Cuando merma o afloja la lucha de clases, cuando los sujetos sociales se alejan de los asuntos públicos, se vuelcan a los asuntos amorosos del tipo romántico e histérico. Dijo Gripi y me quedo pensando en el reggaeton, la cumbia comercial y otros géneros musicales por el estilo.  

Filosofía veraniega
En estas vacaciones, el equipo de Escondete! llegó a la siguiente revelación filosófica: no tiene ninguna importancia decir o no decir “yo”. Claro que cada uno de nosotros tiene su nombre. Nos llamamos Cielo, Gripi y Mauro, claro que sí, pero nos llamamos así por costumbre, tampoco queremos llegar al extremo donde ya no se dice “yo”. Pero ya no somos “Uno” sino “múltiples”, como las hormigas, aunque mates mil hormigas, seguramente en media hora la tendrás nuevamente invadiendo tu alimento, porque no son “una”, sino “múltiples”.
El pensamiento más revelador y productivo que logró alcanzar Escondete!,en lo que va de vacaciones, “Las hormigas son tremendas…”
Esmeralda: 20 km de playas vírgenes.

El Cocal
Esmeralda, un lugar paradisiaco. Más de veinte kilómetros de extensión de playas vírgenes. En el kilómetro 273,5 de la ruta 9 que va al Chuy, si doblan a la derecha, se toparán con este pequeño bosque plagado de acacias, coníferas y eucaliptos. Seis kilómetros hacia el mar, se encuentra el camping agreste “El Cocal” La administración del camping cobra 350 pesos uruguayos por persona y por noche. En esta geografía de dunas y cielo estrellado, el constante rugir del océano atlántico, lo harán dormir como un angelito. Eso sí, el servicio del camping es, por decirlo cristianamente, sumamente precario: el agua de la ducha te congela o te cocina, no hay punto intermedio. El camping es tan agreste que no cuenta con ningún tipo de asistencia al buen acampante. Ah, me olvidaba, se llama “El Cocal” porque en sus costas hay un barco encallado, que llevaba ese nombre.  
El lugar cuenta con veinte empleados y están todos papando moscas. Nos cuesta hablar mal de la administración, porque a pesar del precario servicio que brindan, nos hemos encariñado mucho con su dueño, Carlos. Se parece mucho al compositor y músico Leo Maslíah, también queremos mucho a su hija Martina y a su nieta Julia, por lo cual, no vamos a entrar más en detalles. El lugar está buenísimo. Eso sí, tomen sus propios recaudos.

Cumbres Borrascosas
Griselda lee en voz alta la novela Cumbre Borrascosas de la autora Emily Bronte, bajo la sombra de una conífera, mientras cebo mate sin palo y Cielo juega con sus muñecas.
La novela se sitúa en la Inglaterra rural victoriana del siglo XIX, y para ser sintético, Ellen, la criada, relata a un arrendador, la historia de un amor fallido entre Heathcliff y Catherine, los personajes principales de esta historia romántica y tormentosa.
La novela esta buena para leer detenidamente en un lugar donde no se cuenta con energía eléctrica, ni motores a combustión, ni amplificadores de música. El Cocal, cual granja rural o finca del siglo XIX, es el lugar ideal para cometer esta empresa. Una sola cosa, lo único que no me cierra de la novela, es que la criada Ellen, relata la historia, con unos matices y un vocabulario tan florido como si fuera el mismísimo Flaubert en Madame Bobary. Característica muy propia de las novelas del siglo XIX, donde los personajes, ya sean sirvientes, campesinos o mendigos, hablan como si hubieran sido educados cual hijos de reyes.
Día seis
Clínica de rehabilitación
Amanecimos con un sol radiante climatizando la carpa a las siete y media de la mañana. Decidimos en la última asamblea que no vamos a cocinar por la noche, así es que el menú será el del mediodía, recalentado. Nos dimos cuenta que el camping El Cocal podría funcionar tranquilamente como una clínica de rehabilitación, caminando todo el día, tomando vino caliente, sin macoña que fumar. Para colmo, para llegar al mar hay que caminar mil quinientos metros y escalar cuatro dunas desérticas. El trabajo es tan arduo que a las diez de la noche estás tan agotado/a que lo único que te pinta es descansar. Se ve que el problema de Maradona fue siempre, básicamente, que tuvo mucha guita y mucho confort. En pocos días la Esmeralda logra lo que ningún psicoanalista lacaniano logra en diez años de análisis: que dejes los vicios, que te pongas a laburar en serio, y que te lleves bien con el resto, porque sino te toca hacer todo solo. Sabiduría uruguaya. 
                                                                                                                                                       
Día siete
Por Cielo.
7:30 de la mañana. Comencé con mate cocido y un durazno. Después una chocolatada, no mucho después, comí arroz con fideos y una salchicha. Después, haciendo regalos para amigos, y después lavando ropa, y no tanto después, fui a la playa que estaba re bien y vi tres cadáveres:  un delfín rosa agujereado por pájaros que comen muertos, una enorme mantarraya, y un cangrejo enorme de distintos colores. Metiéndome 2 veces al mar y también escuchando leer a mamá Cumbres Borrascosas. 

Día ocho
De Guatemala a Guatepeor
Se desata una tormenta eléctrica, con vientos propios de un huracán. Gripi, Cielo y yo entramos en pánico. La carpa se mueve tanto que parece la casa de Dorothy, minutos antes que la arrastre un huracán hasta la tierra de Oz.
Miramos hacia afuera, el resplandor de los relámpagos nos aterroriza. Nos abrazamos e imploramos ayuda a Dios, a la madre naturaleza y a la Pachamama.
5.30 AM. La tormenta corre a otras latitudes. Hemos sobrevivido. ¡O brigado deus! ¡Vamo arriba,vó!
7.30 AM. Descansamos plácidamente hasta que un sol incandescente incinera la carpa. Salimos raudamente a buscar una sombra reparadora.
Día nueve
El menú del día de hoy fue fideos con salsa. Picamos una cebollita, un ajo y hervimos un choricito de cerdo, para desgrasarlo vó. Luego metimos todo a la sartén para saltearlo. Pero como teníamos muchas, pero muchas ganas vó, de tomar mate y no contábamos con más agua caliente que con la que desgrasamos el chori, no nos quedó otra, e inventamos el Chorimate. Cada sorbo humeante y saborizado a carne de cerdo nos permitió, no sólo saciar el deseo de tomar mate, sino también el deseo de degustar carne, todo al mismo tiempo. ¡Increíble invento! Un método propio de la granja de rehabilitación o de los astronautas. Hemos dicho, Escondete!
De acá volvemos curados, cueste lo que cueste. ¡Vamo arriba, vó!
Día diez

Pizzas a la parrilla en el encuentro de poetas.

Encuentro de poetas
Durante todo el fin de semana se realizarán distintas actividades organizadas por un grupo de poetas trashumantes, que se dieron encuentro, acá, en el camping “El Cocal”.
Nosotros, chochos de estar en el lugar indicado por casualidad, participamos del fogón que se hizo ayer a la noche. Había una poeta francesa, un poeta paraguayo, dos poetas brasileros, muchos poetas uruguayos y un par de argentinos. La tertulia entretenida y agradable, como primera cita, con excepción de los chistes racistas y misóginos que contaron unos poetas uruguayos y los poemas yoicos y catárticos que se suelen escuchar en estos eventos, cerveza helada Patricia y literatura salada.
Noelia, la organizadora del evento, cual Auxilio Lacoucure en la novela Amuleto, de Roberto Bolaño, madre de la poesía latinoamericana, era la que dirigía la batuta, y su liderazgo resultaba legítimo y necesario para todos los allí presentes. Nilson de Souza, poeta anarquista, librero independiente, prometió durante toda la tarde, hazañas con el fuego y proezas físicas, cual Don Genaro en Viaje a Ixlan. Pero a último momento, se bajó de la velada,ya que se quedó durmiendo en la carpa. ¡Qué acto tan poético el de Nilson! Pensé para mis adentros. Un brasilero que reside en Rivera, ciudad brasilera fronteriza con Uruguay, recitó un poema en portuñol, que me pareció surrealista y de calidad forexport.
Las pizzas a las parrillas y los vasos de vino fueron corriendo de mano en mano entre los poetas y los versos cual ramas secas arrojados al fuego. Yo oficié de fogonero, alimentaba el fuego para que el barco poético no se encalle y siga en movimiento. Gripi amasó unas pizzas crujientes y recitó dos poemas de nuestro repertorio Escondete!
Asado Nuestro
“Asado Nuestro, que aún estás ardiendo…
Santificado sea el cuero del vacío, como así la tripa gorda, la falda parrillera, los chinchus dorados y las morcillitas bombón.
Venga a nosotros lo tierno,
Hágase Tu Voluntad, así en la entraña, como en los fuegos…
El chori nuestro de cada día, dánosle hoy.
Y perdona nuestros atracos hambrientos,
así como nosotros perdonamos a quiénes asan a la parrilla y no nos invitan…
Y no nos dejes caer en la devaluación,
más líbranos de todo Macri. Amén."

Comparsa mental.
El piensa que yo me angustio
porque en pocos días,
cuando esté de vuelta en el trabajo
extrañaré a mis bebés…
Me llegan las llamadas pérdidas de mi mamá,
en mensajes de textos.
Por suerte, siempre hay un caballero que me ayuda a subir el carrito en las escalinatas de la estación de trenes.
Me gusta viajar pegada como mosca a la ventana
y mirar a través de los rayos de sol las pelusas que flotan en el aire.
Escribo algunos versos en la tapa de un diario evangélico:
“La claridad salió de mi con la forma de mis hijos.
La luz esta adelante y no en un punto fijo”
Día 13
Santa Teresa.
Arribamos en el día de ayer al camping de Santa Teresa: Fortaleza. El parque nacional es inmenso, arbolado. Hay lagartos, cotorras australianas, serpientes, hurracas, y miles de acampantes, diseminados a lo largo del predio, cual campo de refugiados. El Camping es regenteado por los milicos uruguayos y esta condición le da un colorido particular al camping. A la noche, un jeep militar verde, recorre los senderos que bordea la zona de acampe, controlando que no suene música demasiado alta, y que los fuegos de los parrilleros no se desborden.
Carla, una acampante brasilera, nos cuenta que, en la noche de ayer, se acercó a un militar que estaba apostado cerca de los baños del camping, y sin vacilar, le pidió lumbre para encender su porro. Cuando regresó a su carpa con el cigarro florido encendido, dice que pensó en sus amigos de Brasilia que, a su regreso, cuando ella les cuente no le iban poder creer: el primer faso legal…
Nos reímos a carcajada de la anécdota de Carla. Luego, yo le pregunté porque hablaba un español tan fluido. Entonces, ella nos contó que vivió en la ciudad de México ocho años, que trabajó en una empresa mexicana, pero que no se aguantó y se volvió a Brasil. Cielo, que hace rato esta fascinada con México, le preguntó por los mariachis y especialmente por la comida mexicana. La conversación fue muy agradable. Carla es esa clase de chica luminosa, como una luciérnaga. Hablando de insectos, no me quiero olvidar que nos contó para asombro de Gripi, Cielo y mía, que los mexicanos suelen comer grillos. Así como leen, grillos. “Pero los grillos dan mala suerte si los matas” dijo Gripi. “Pero en México los matan para comerlos, que es distinto que matar por matar.” respondió Carla con esa fonética tan melódica que tienen los brasileros.
Ni Asado ni porro.
El chauvinismo es un sentimiento miserable… y muy recurrente cuando la suerte te da la espalda en un centro turístico extranjero. Como decía un filósofo, el cual no recuerdo su nombre, para no decepcionarse no hay que ponerle ficha a nada… Vinimos a Santa Teresa con un manojo de ilusiones, y como pasa a menudo, la realidad nos cagó a piñas como Mayweather a Maravilla Martinez, en su última pelea de juguete.
Una de cal y una de arena. El predio es enorme, los eucaliptos altísimos, los pájaros miles, pero los baños son letrinas, los precios privativos y la cantidad de carpas excesivas.
Mientras me resbalo con la crema enjuague en unas duchas que parecen de un campo de concentración, me acuerdo de la película “La vida es bella” y hago burbujas con el jabón para que Cielo se entretenga. Mauro desconfía de la marihuana paraestatal, así la llama, vemos a los jovencitos que inmediatamente después de fumarla se quedan dormidos. Uruguayos, la vida es pensamiento y acción, que no duerman tu conciencia política. Nunca.
Graffiti en Valizas.

Día 16
Llegamos a Siri a comer empanadas de Valizas.
Todavía no es tiempo de balances en Valizas, apenas cumplimos las cuatro horas en la famosa playa de los artesanos, conocida por sus bocados de mar y su juventud inquieta artísticamente. Pero podemos adelantar que en menos de lo que dura una jornada laboral de call center (6 horas), conseguimos el camping más barato de Uruguay, macoña a menos de diez metros de nuestra carpa y le compramos unas hawaianas a Cielo por menos de doscientos pé.
Valizas promete ser el pucará que andábamos necesitando.
Día 17
Hoy es nuestro tercer día en el camping comunitario de los carpinteros.  La maga, es la jefa y dueña del lugar. Oriunda de Montevideo, nos contó que se vino para estos pagos a vivir con su compañero “El Facha”-ya fallecido- y que consiguió estas tierras porque “El Facha” se la reclamó al candidato a intendente que hacía campaña política por esta zona, hace diez años atrás. Anteriormente vivían en un rancho muy cerca del mar, que encontraron abandonado y que alternativamente se inundaba de arena y de agua de mar, porque estaba muy cerca de la costa del arroyo de Valizas. Con mucho esfuerzo y trabajo la pudieron recuperar. Por suerte, el intendente le cedió un lote, y se pudieron mudar.
Lo más característico del camping “Los Carpinteros” es que hay que arrojar un balde atado con una soga a una cachimba, para recoger agua para el baño. Si uno/a tiene necesidad de orinar, con medio balde de obra basta. Pero si uno/a tiene ganas de deponer eses, necesita un balde de agua entero. Valizas es el ejemplo del emprendedorismo bien entendido: hay galletitas, brownies y trufas sostenidas por la cultura canábica. Adolescentes rebeldones y maleducados hacen sus primeros pasos desarrollando dichas empresas con el espíritu de Steve Jobes, pero con onda.

Día 18
Cuarto día en camping comunitario Los Carpinteros. Estamos muy cortos de efectivo. Por suerte, mi tarjeta de débito sigue con crédito. Esta condición económica, más precisamente monetaria, nos permitió degustar unas costillas a fuego a leña. Nuestros cuerpos recobraron potencia cual celulares al cargar sus baterías. Aunque eran pocos bifes, tan solo cuatro costillas, le convidamos carne a los pibes de San Nicolás, porque nosotros tenemos código, no como otros, lo poco que tenemos lo compartimos. Siempre fue así, y siempre lo será. Para cambiar el mundo, primero debemos empezar por nosotros mismos. ¡Las relaciones sociales la construimos entre todxs, vó! No me vengas hablar de anarquismo, si en tu vida práctica no convidás un trago de cerveza, gato.

Día 19
Los piojos nos van a sobrevivir.
Recién nos despertamos en el camping “Los Carpinteros”, la mayoría de los acampantes duermen, mientras nosotros saboreamos los primeros mates de la mañana. La pediculosis nos viene acechando. Cada día que pasa, la picazón se vuelve más intensa en nuestras cabezas. No veo la hora de poder cortar la inmensa cabellera de Cielo, pero su madre argumenta razones que no comparto ni entiendo y la mar en coche…
Las Flores de La Maga.
Dejamos Valizas con una suerte de congoja meditativa que se tradujo en una demora de cuatro horas desarmando la carpa. ¿Valizas es un asentamiento con escasos servicios? ¿Una comunidad hippie? ¿O la Ámsterdam de América latina? No apresuremos conclusiones, pero aprendimos muchas cosas, por ejemplo, que es una cachimba, como almorzar en medio de una tormenta de arena y que la legalización de la marihuana es un hecho que invariablemente se hará realidad, y que con eso, no pasa nada.
El camping de la Maga es una casa con un terreno muy grande adelante, donde se puede acampar en pequeñas parcelas, una al lado de la otra. El camping cuenta con cocinita, baño, agua fría y licuadora. Todas las limitaciones de la precariedad edilicia son compensadas por la onda y el compromiso de la Maga, una de esas poderosas mujeres, que a veces tenemos la suerte de conocer. Tiene el don del fuego y a la nochecita lo prende en tan sólo diez minutos unos troncos de acacia y tenés brasa durante dos horas, podés hacer un guiso de mondongo si tenés ganas. En su terreno crecen las florcitas más ricas de todo el departamento de Rocha.
Día 20
Las hormigas, la arena y los piojos nos tienen podridxs…
Valizas-San Carlos.
La espera del bus que nos llevaría a Maldonado en un pequeño chaparral que hacía a su vez de sala de espera resultó amena y relajante, regada de coca cola y amenizada con pan de semillas. Los últimos días de vacaciones siempre sueltan el bolsillo. Subimos presurosos hacia nuestro nuevo destino, los mullidos asientos apanados y el aire acondicionado nos devolvieron al primer mundo del que nos hablaron en los ´90. El micro se fue completando en las distintas paradas, más adelante un señor lee un grueso volumen, de tapas amarillas, titulado “Utopía para realistas”, ¡Qué curiosidad su contenido! No nos animamos a pedirlo prestado,pero el espíritu emprendedor nunca descansa y se nos ocurren un montón de títulos en la misma línea blanca editorial: “Drogas recreativas para controladores seriales”, “Dilemas éticos para cínicos” ó, “Compromiso para cobardes” … Tendríamos que hacer varias ediciones y nos llenamos de oro.
El paisaje, con el correr de los kilómetros va transformándose. Las palmeras y acacias van dejando lugar a la llanura sojera y el ganado vacuno, el rancho improvisado se esfuma y se impone la estancia y el latifundio en el horizonte. Dormitamos de a ratos en el bus silencioso, reservando energías para la última parada: el reencuentro con el uruguayo mala onda y el argentino forro al que estamos acostumbrados.
Vaquita de San Antonio en Portezuelo.

Día 21
Punta Ballena, Maldonado.
Hoy es nuestro segundo día en el camping de Punta Ballena, departamento de Maldonado. El camping esta inserto en un inmenso bosque y la playa más cercana: Portezuelo, queda a dos kilómetros de distancia. El camping cuenta con agua caliente, luz eléctrica, piscina, parrillas y wifi. Realmente para nosotros es como un hotel cinco estrellas.
Mientras tomamos unos mates mañaneros vemos pasar un jet privado por arriba de las puntas de los eucaliptos. Es Marquitos Peña que viene a comer un asado, seguramente.
Los vestuarios de hombres y de mujeres del camping top de Punta Ballena, vendrían a ser la caja de resonancia de la cultura pacata de la clase media argentina, uruguaya.
En la ducha de hombres, dos chicos se bañan con su padre. - ¿Papá te acordás que en las vacaciones del año pasado se me descosió la bermuda? -  -No, nada que ver Ignacio, eso sucedió en las vacaciones 2015 que, después de volver de Bruselas, nos quedamos una semana en París y en el ascensor del hotel se descosió. ¿Te acordás? -. ¿Tanta información necesitábamos? A mi se me descosió haciendo la medialuna en la playa con Cielo y ahora la llevo cosida ¿Te sumó eso muñeco?
En el vestuario de mujeres, una mamá le ordena a su hijita de siete años: -Palu, secate el pelo-
- No puedo secarme el pelo ma-
-No, Palu, nosotros esa palabra no la decimos-
-Pero no puedo ma.-
-Si se puede, no quiero oírte más decir esa palabra– Y Palu se tuvo que ir a dormir con la cabeza chorreando…
Discépolo se haría un festín con tantos mosquitos y mordisquitos dando vueltas. Los primeros me dan alergia, a los segundos hay que eliminarlos con el off de la conciencia de clase. La mayoría de los acampantes se pasean durante el día por las playas de Punta del Este, codeándose con la clase alta uruguaya y argentina, pero cuando cae la noche, su carruaje se convierte en calabaza y regresan cabeza gacha a dormir a sus casas rodantes o carpas. La clase media siempre la pasa mal, porque cada vez que miran su silueta en los espejos del vestuario, ven una persona que no esperaban encontrar.
Foto panorámica del balneario de Punta Ballena.
Día 22
Nos levantamos cuando apenas comenzó a clarear. Armamos la mochila y desarmamos la carpa en un periquete.  Cargamos todos nuestros bultos y caminamos trabajosamente hasta la entrada del camping. Ya estamos muy duchos con el armado y desarmados de carpas. Podríamos decir que a esta altura somos profesionales en la materia.
Un Uber nos llevó raudamente al aeropuerto de Punta del Este. Mientras los distintos empleados aeroportuarios llegaban a cubrir sus puestos, Cielo desayunaba un mate cocido bien caliente y Gripi y yo, los últimos mates de yerba sin palo.
El vuelo a Buenos Aires duró lo que dura un pestañeo, pero el control en migraciones duro lo que un capítulo de Black Mirror.
Nos tomamos el colectivo Línea 160, que tardó dos horas en escupirnos en la estación Lanús. El infierno urbano volvió atraparnos con sus tentáculos y un remisero nos quemó la cabeza con el caso Chocobar hasta la puerta de nuestra casa.
Detrás de la puerta, Camilo nos recibió con una sonrisa hermosa y una casa inhabitable. Lo primero que hice fue pasar un trapo de piso con lavandina en el suelo de la cocina, mientras Gripi y Cielo abrazaban a Camilo.
Fin.