Literatura barrial.

domingo, 11 de diciembre de 2011

¡Feliz Navidad!


Papá Noel está estresado. Su contrato basura con el “choping” de Avellaneda, a fin de año, ha de caducar.

Papá Noel no tiene un trineo con renos, tiene un Fairlane color blanco, que casi no usa, en el garaje.

Papá Noel no vive en el Polo Norte, vive en Gerli, en una casa vieja pero cómoda, con sus hermanas y su mamá.

A Papá Noel le encanta que su larga barba roce las mejillas de los niños y hacer brotar su sonora carcajada: ¡Jo, jo, jo!

Papá Noel no tiene una fábrica de juguetes, pero sí una pila de tarjetas de Sacoa con crédito, que regala a los niños que tienen una “bomba” de mamá.

Papá Noel sabe muchas cosas, lee todas las cartas que los niños dejan al pie de un árbol grande y luminoso, de navidad.

Papá Noel se prepara para su gran noche, no pudo conseguir un coqueto alhajero a la hija de su gerente, ni el camión de bomberos para el pequeño Tomás.

Pero Papa Noel cumple con sus promesas, y con una bolsa bien grande, un duplicado de llaves y el tanque lleno del Fairlane, aunque la familia no se encuentre, igual los visitará…

Mauro.