Literatura barrial.

sábado, 28 de enero de 2017

Memorias del viaje a Perú




 Lord Voldemort

Templo del sol. Machu Picchu.



09/01
Partimos a las 19.00 horas desde el aeropuerto internacional Ministro Pistarini de la ciudad de Ezeiza hacia la ciudad de Lima, Perú.
Viajamos por la línea aérea de bandera: Aerolíneas Argentinas, en un avión Boing 737 que iba hasta las manos. Minutos después de despegar, un pasajero retó a Cielo por golpear la parte trasera de su asiento. La señora que viajaba al lado de Griselda, una fila atrás, la alertó:
-Señora, señora, están llamando la atención a su niña-
Griselda se paró inmediatamente y observó al hombre con su mirada severa. El muchacho bajó su cabeza y regresó a su asiento cual serpiente de Voldemort a la cueva de las tinieblas.


La llama que llama

Llamas y alpacas en el patio de un  mercado de Cusco.


Cusco. La filosofía vitalista del hombre andino considera que lo hombres y las mujeres, los animales, las plantas, incluso las piedras, tienen el mismo nivel de hermandad por ser productos de la madre tierra. Por esta razón, aquí la llama es un miembro más en la familia tradicional cusqueña. La cholita la alimenta con mamadera de leche y alfalfa. Llevan nombres de personas, como Pablo, Pedro y Paco. El día de su cumpleaños lo celebran con mucho ahínco, chicha y cerveza. Llevan a cabo un ritual llamado en lengua quechua “Ch´allakuy y tinkay”; acto en el cual, el hombre de la familia, besa con su lengua a la llama en la boca y las mujeres adornan con cintas multicolores sus orejas. Cielo tiene una fascinación cusqueña con las llamitas de todos los tamaños, las visitamos diariamente en un campito de un monasterio regado de alfalfa. Descubrimos el edén de las llamas.



Llama alimentándose en el edén: Machu Picchu.  




 Mario Vargas Llora

Cielo y Garcilaso. Museo de Historia de Cusco.



Recorriendo el museo de historia de Cusco, me detengo a leer una frase del escritor peruano Mario Vargas Llosa, premio nobel de literatura: “El progreso no significa solo muchos colegios, hospitales y carreteras. También, y acaso, sobre todo esa sabiduría que nos hace capaces de diferenciar lo bello de lo feo, lo inteligente de lo estúpido, lo bueno de lo malo, y lo tolerable de lo intolerable, que llamamos la cultura”
El problema que no tuvo en cuenta Mario Vargas Llosa es que lo que él considera bello, inteligente, bueno y tolerable, para otros resultó ser feo, estúpido, malo e intolerable. La cultura que él considera bella no es inmune en sí al genocidio y a la esclavitud sin nombre de seis millones de aborígenes originarios. El filósofo Walter Benjamín en su tesis VII de su texto “Conceptos de Filosofía de la historia” afirma que no existe documento de cultura que no sea a la vez documento de barbarie. Mario Vargas Llosa es heredero de todos aquellos que han vencido. Hoy, participa del cortejo triunfal de republicanos peruanos liberales, que pasan sobre los que también yacen en la tierra.

Algunos referentes culturales peruanos dejan mucho que desear, no lo digo sólo por Mario Vargas Llosa, hay otro escritor muy venerado en estos terruños, que ocupa un lugar central en la cultura peruana, que es el Inca Garcilaso de la Vega, un hombre mestizo, hijo de un militar español y una princesa Inca. Yo no sé cuál fue el mérito de este hombre, quizás su obra literaria es muy buena, no sé, desconozco, no la leí. Pero la biografía de este supuesto prócer es humillante, por lo menos, para todos los que han caído bajo la espada española.  La cosa es así, resulta que este buen muchacho, poco después de la muerte de su padre, decide embarcarse y dirigirse al viejo mundo, más precisamente a España, para mendigarle a la Corona algún beneficio, por los servicios prestados de su padre al Rey. La cosa es que la corona no le da ni bola, y además desprecia, no sólo la memoria de su viejo, sino también la suya, por ser un maldito mestizo. Ustedes pensaran, bueno, es aquí donde Garcilaso se revela y reivindica su sangre incaica, pero no, nada de eso. El Inca Garcilaso de la Vega comienza su carrera militar bajo la orden de la Corona española, y como buen soldado, llega alcanzar el grado de Capitán.
Tras la muerte de su mamá y su tío, abandona la carrera militar y se refugia en la religión. Cabe mencionar, que recibe una suma importante de dinero y bienes, que hereda fundamentalmente de su tío difunto. Por lo cual, sus últimos años los vive holgadamente. Así como lo leyeron, esta es la verdadera historia patética de la vida del gran prócer peruano, que se encuentra en plazas, escuelas y museos del Perú. Como ven,  articular la historia oficial del Perú, no significa reproducir el pasado tal y como verdaderamente ha sido, significa que la clase dominante se adueña de un recuerdo,  para evitar cualquier tipo de peligro en el futuro.  Para el filósofo, crítico literario y coleccionista de citas: Walter Benjamín, el objetivo del cualquier historiador materialista, es avivar la llama de ese peligro: “El peligro amenaza tanto al patrimonio de la tradición como aquellos que reciben la tradición” (Tesis VI, Conceptos de Filosofía de la historia).
Digo, para todos aquellos, como Walter Benjamín, que quieren redimir a los oprimidos de la historia, nos queda quizás, un último as bajo la manga: “El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza”


cienpies incaico.


Mate de Coca
Griselda fue al mercado de Waincha, en una búsqueda frenética por recuperar los mates del atardecer. El termo rojo escarlata había quedado olvidado en una Van, y los síntomas de abstinencia estaban comenzando a aparecer. Pidió un termo a un puestero, y el vendedor le ofrecía un montón de termos preciosos, pero todos sin pico matero. -No, no, necesito con pico para cebar mate- le grita Griselda, chupándose el dedo para simbolizar la bombilla.- El vendedor sonrió. - El mate para ustedes es como la coca para nosotros. No podemos vivir sin ella- exclamó el hombre dándole un termo con pico vertedor color acero. Sesenta soles, más barato que en casa resultó. La globalización mal entendida.



Caminata desde la Central Hidroeléctrica hasta Aguas Calientes. 




Datos para el viajero.
Queridos colegas trashumantes, en esta sección del diario, arrojaremos algunos datos valiosos para emprender el viaje al Machu Picchu, que significa en lengua quechua “montaña vieja”. El pasaje ida y vuelta en tren desde la ciudad de Cusco hasta Aguascalientes tiene un valor de aproximadamente, 200 dólares. Hay un convenio para los residentes y algunos países andinos (Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia), en el cual pagan bastante menos, sobre todo los peruanos. Pero para nosotros los argentinos, el valor del pasaje es privativo, por lo cual, señalaré el camino alternativo para llegar a esta maravilla del mundo.
La manera alternativa para llegar desde Cusco hasta Aguas Calientes es la siguiente:
En la intersección de la Avenida Grau y Avenida Kancharina, en las afueras de la ciudad de Cusco, parte un Bus hacia Santa María. El costo del pasaje es de tan sólo quince soles, el tiempo estimado de viaje es de seis horas. Cuando por fin llegás a la ciudad de Santa María, debes tomar un taxi hasta Santa Teresa (pueblito montañoso y selvático, con aguas termales en medio de sus montañas). El costo del pasaje es de diez soles. Por último, desde Santa teresa se debe tomar otro taxi hasta la Central Hidroeléctrica. El costo del pasaje por persona es de 5 soles. (El taxista cobra por persona, porque el auto no sale hasta que no estén todos sus lugares completos). O sea, el costo total del viaje es de treinta soles por persona, como ven queridos colegas viajeros, este camino alternativo es muchísimo más barato y agotador que el viaje en el tren de Harry Potter. Perdón, si ustedes creían que la travesía terminaba aquí, no es así. Todavía falta el trayecto a pie, once kilómetros desde la Central Hidroeléctrica hasta Aguas Calientes. Mientras bordeas las vías del tren, el paisaje te recuerda a la película “Cuenta conmigo”, ¿Recuerdan? donde unos chicos emprenden una caminata para encontrar el cadáver de un chico desaparecido y en el trayecto sortean un montón de peripecias. Bueno, la vista del Machu Picchu de espaldas es preciosa y el río marrón y caudaloso baja de la montaña con un sonido furioso.


puente de Santa Teresa




Zaratustra andino
Ukuku es el nombre en lengua quechua del superhombre andino, cual Zaratustra para Friedrich Nietzche. Ukuku simboliza al hombre cuya fortaleza espiritual y emocional le permite superarse día a día y estar en armonía con la naturaleza.


El maíz es de América.
Para todos aquellos eruditos que aseguran que el maíz es un producto agrícola que introdujo el viejo mundo europeo en nuestro continente, les aseguro que no es cierto lo que dicen. Según el cuadro cronológico de la evolución cultural del museo de Coricancha, en la ciudad de Cusco. El maíz apareció en México 5000 años antes de Cristo. Ni el maíz es propio de ustedes. ¡Malditos colonizadores! 

Aguas termales de Santa Teresa



Ughu Pacha         
Según la cosmovisión Inca, el universo se divide en tres espacios infinitos. El hanan-pacha que significa el mundo de arriba, donde habitan los dioses. El kay-pacha que es el mundo terrenal, de aquí (espacio) y ahora (tiempo presente), donde vivimos los seres humanos. Y, por último, el ughu-pacha, que significa en lengua quechua: mundo subterráneo, que es el lugar donde habitan nuestros muertos, las raíces de nuestra fertilidad e identidad. Tiene también un sentido espiritual este concepto, que vendría a ser nuestro mundo de adentro.
Hay un temita que todavía no saldé con mi vieja, que fue la cremación de mi difunto padre. Si hay algo en que no estuve de acuerdo, aunque no lo manifesté, fue con la decisión de mi madre de hacer cenizas a mi viejo. Creo, como los incas, que los muertos habitan el mundo subterráneo, y que además fertilizan las raíces de nuestra identidad en el mundo del aquí y ahora (kay.pacha).
No digo que seamos tan fanáticos de momificar a nuestros ancestros, como hacían los incas con sus reyes o princesas. Y en los períodos de siembra trasladarlos hasta la tierra para pedirles una buena cosecha. No, tampoco me veo en el final de la materia de Sociología de la educación con un saco de huesos de mi viejo. Pero si creo en el ritual judeo cristiano de enterrar a nuestros muertos en un cementerio. No me gusta las formas mortuorias posmodernas, donde todo es desechable, desde los restos de un Bic Mac, hasta los restos cadavéricos de tu viejo.


Atardecer en el sur de  Lima: Playa Punta Hermosa.





jueves, 5 de enero de 2017

Skeletor

"Dedicado a Germán" 

Primero

Germán caminaba por el barrio céntrico de Morón Oeste, por una calle asfaltada, de cordones altos y veredas de baldosas azules y blancas. Llevaba la camisa abierta en su pecho y en su mano izquierda sostenía una botella de vino tinto a “media asta”
Su destino era un boliche, ubicado en el centro de la ciudad de Castelar. Su objetivo era reunirse con sus amigos y celebrar con cerveza fría el año de mierda que se estaba yendo. Corría el mes de Diciembre del año 2001, y en esos tiempos, era un trabajo homérico conseguir monedas para poder viajar en bondi. Había querido comprar puchos, pero ningún kiosquero aceptaba como valor de cambio un billete Patacones de veinte.
Resignado, se sentó en una esquina a tomar el vino. El calor húmedo y pegajoso de una noche de verano le molestaba cual mosca que da vueltas y vueltas sobre la oreja. No quería por nada del mundo sudar su camisa de mangas cortas a cuadrillé, que había planchado pacientemente su abuela. Ay su abuela… ¿qué haría en este mundo sin su abuela Helda que lo había cuidado durante toda su infancia y adolescencia? Si no hubiese estado su abuela en los tiempos difíciles, ¿qué sería de él? Seguramente sería hoy un ladronzuelo de poca monta, o lo que es peor aún, un vigilante que detiene a los pibes que toman cerveza. Pero no, él se había convertido en otro tipo de sujeto: alguien que había aprendido un oficio; alguien que era capaz de rectificar un motor o cambiar las correas de distribución y del alternador de un camión; alguien que podía sobrevivir gracias a su profesión. Aunque ya hacía tres meses que no le caía un puto laburo. Las cosas andaban tan pero tan mal, que daban ganas de prender fuego el congreso con todos los políticos adentro.
Mientras el vino ascendía a su paladar, un hombre de estómago prominente y barba tupida se le acercó a pedirle un trago. Germán compartió la botella como si fuera un reflejo natural, como un paciente que levanta el pie ante el golpe en la rótula del médico.
“Estaba más sediento que piojo en la cabeza de De la Rúa” exclamó el hombre al terminar el trago y después fue hasta un canasto de basura y sacó dos botellas vacías de Terma y las arrojó a su carro.
Germán miró el caballo que sostenía el carro: tenía anteojeras y resoplaba un aire caliente mostrando unos enormes dientes amarillentos. Luego de pensar unos segundos, a German se le ocurrió una idea:
-         -¿Vas para Castelar? - Le preguntó.
-         -Si, si, voy para ese lado- contestó el botellero
-         -¿Me llevás? -
-         -Si, dale, subite- dijo el hombre de barba tupida y golpeó las riendas sobre el lomo del caballo
-         -¡Arre!¡Arre! -
Fueron a trote ligero por avenida Rivadavia, el caballo daba pequeños saltitos, como si la brea del asfalto le estuviera quemando las espuelas. No pararon en ningún semáforo. Las calles del Oeste a esa altura de la noche estaban vacías. Cuando llegaron al centro de Castelar, Germán bajó de un salto a la calle, dejándole el vino al laburante.
-         -Gracias por el aventón-  dijo Germán y marchó en dirección hacia el boliche donde esperaban sus amigos.

Segundo

Cuando llegó al boliche “Skeletor” había una fila de sólo diez personas en la puerta. Sin embargo, Germán tuvo que esperar casi una hora para que un patovica soberbio le permita el ingreso. “El viejo truco de mostrar gente en la puerta para aparentar que adentro está lleno.” “Nada más despreciable que un patovica” pensaba Germán mientras aguardaba en la fila. Cuando le tocó pasar, escupió un garzo amarillento en un piso de piedritas color gris perla.
-         -Evidentemente lo único bueno que tiene este boliche es el nombre –fue lo que atinó a decir a su mejor amigo al verlo. Darío lo abrazó muy fuerte y después quiso comentarle algo, pero la música estaba tan alta que Germán no escuchaba nada de lo que decía su amigo.
Darío le señaló la barra de “canilla libre”, la cual estaba atestada de gente. Allí pudo divisar a su otro amigo Momia, estirando el brazo a una morocha de pechos voluptuosos y gafas espejadas, que conversaba animadamente con el cajero de la barra, probablemente el dueño del boliche.
Germán saludó efusivamente a Momia, pero su amigo estaba tan pendiente que lo atendiera la bartender, que apenas lo registró.
Después de aguardar media hora en la barra, la morocha le sirvió un fernet aguado que Germán tomó de un solo trago tipo “fondo blanco”. Antes de que la bartender continuara con el siguiente de la fila, Germán le gritó con los ojos brillosos:
 -Ah, me olvidaba, y un destornillador, por favor…- dijo achinando su mirada castaña.
La morocha lo miró seria y luego le sirvió tres cuartos de vodka y un chorrito de naranja en el mismo vaso, sin ponerle un solo hielo. Germán le guiñó el ojo y se marchó.
Todo lo que pasaba en ese boliche era una gran mentira: la música, las risas, los gestos. Germán comenzó a deambular borracho con el trago en la mano por la pista semioscura, iluminada por un juego de luces color verde, rojo, amarillo, fucsia y plateado. Lo único que se veía claramente era la ropa clara y las pipetas de las zapatillas Nike.
Buscó a sus amigos en los pufs del Chillout, en el baño y en un patio que había una enorme palmera, pero no los encontró, fue entonces que vio a Momia y a Darío en el sector VIP moviendo los hombros al ritmo uniforme de la música electrónica. No se aguantó más en ese maldito lugar y se marchó sin saludar.

Tercero

La luz tenue de la calle le alivianó la vista y los ruidos apagados de la madrugada los oídos.Eran las cuatro y cuarenta de la madrugada, pensó ir a tomar una cerveza, pero prefirió directamente ir a dormir. El primer tren pasaba a las cinco por la estación de trenes de Castelar.
“… ajeno al tiempo, sé que quisieras seguir, pero mil voces te ahogan para que formes la cola del seguro porvenir, por eso te vi escapando, en las horas sin sol, de las miradas oscuras que aprobaron la torturas del fugado represor…”
Germán canturreaba “Tu eres su seguridad” mientras avanzaba a ritmo firme hacia la estación de trenes. Recordó con emoción, cuando en su cumpleaños de trece, su tío Raul, lo llevó a ver Hermética al estadio Obras. El tío trabajaba como boletero en la puerta, por lo cual, tuvo que ver el recital solo, aunque se sintió acompañado y en comunión con todos esos hombres y mujeres de cabellos largos, remeras negras y camperas de jeans.
Cuando llegó a la estación, subió una pequeña rampa de cemento que lo dejó en el andén del tren que viene de Moreno con destino a Plaza Miserere. Germán encendió un pucho y la lumbre del encendedor descubrió un hombre, de alrededor unos cuarenta años de edad, dormido sobre las vías del tren. En un santiamén, Germán saltó a las vías y sacudiéndole el hombro lo despertó. El hombre recostado sobre el riel lo miró absorto.
-         -¿Qué estás haciendo acá? - le gritó Germán. -¡Te va a pisar el tren, loco!-
El pelucón estiro el brazo y Germán lo ayudó a levantarse y a trepar el andén. Una vez sentados en el banquito, el tren como una Parca maquínica arribó a la estación, el hombre empezó a gritar:
-¡Me salvaste la vida! –
-¡Me salvaste la vida hermano! – gritaba como si hubiese vuelto de la muerte, y abrazaba a Germán.
-Bueno, bueno, lo que importa es que estás vivo- dijo Germán con una gran sonrisa.
-¿Cómo te llamas? - le preguntó el pelucón
-Germán, pero mis amigos me dicen el Ruso-
-Vamos que te invito una cerveza-  dijo el hombre.
Fueron a un piringundín pegado a la estación y tomaron una, dos, tres, cuatro cervezas. Pero de  un momento a otro los parpados de Germán se volvieron de plomo, tenía un loop en su cabeza, la frase: “Me salvaste la vida”, la imagen de un vaso de cerveza estallando en el piso y el sonido de un motor, giraban y giraban a su alrededor. Ahí no más, en un segundo, se le apagó la tele.

Cuatro:

Cuando Germán se despertó de un sueño intranquilo, se encontró sobre una cama matrimonial. Estaba acostado boca arriba y al levantar un poco la cabeza, veía hacia su costado izquierdo un hombro femenino, blancuzco y pecoso, surcado por el bretel desobediente de una mujer de cabello rojizo, que yacía de espaldas. Hacia el otro costado, dormía el hombre pelucón al cual le había salvado la vida en la estación.
“¿Qué me pasó?” pensó. No era un sueño. Despertó en una pequeña habitación, tranquila y callada, atravesada tan sólo por la brisa caliente de un viejo ventilador.
La mirada de Germán se dirigió hacia la ventana. El tiempo estaba lluvioso. Se oían caer las gotas de lluvias sobre el techo de chapa. Estaba sumamente asustado. Se levantó sin hacer ruido y salió sigilosamente por la puerta entreabierta de la habitación. Se encontró con el comedor de la casa y al costado de un sillón, vio la puerta de salida. Abrió la puerta y gritó por lo bajo: - ¡Maldita sea! – Estaba en el medio de un pasillo de la villa, los ladrillos rojos, las paredes escritas con aerosol y los pibes sentados en el entrepiso de cemento lo impulsaron a entrar de vuelta.
Regresó a la habitación en la cual había dormido y sacudiéndole el hombro, despertó al hombre que había salvado la vida en la estación la noche anterior.
-Necesito que ahora me salves vos- le dijo
-Buen día- dijo el pelucón y lo abrazó.
Germán regresó unos pasos hacia atrás e invitó al hombre con el dedo a hablar fuera de la habitación.
-Vos me salvaste la vida hermano- dijo el hombre y continuó: -Quedate a almorzar con nosotros, ahora despierto a mi esposa y amasamos unas pizzas…- 
-No, me quiero ir, - lo interrumpió Germán con tono tétrico.
-Necesito que me acompañes a la salida de la villa, nada más- dijo con los ojos abiertos.
El hombre sacó una botella de agua fría de la heladera y luego abrió la puerta. Caminaron por el barrio en silencio hasta la avenida Don Bosco. Enfrente de ellos había una parada de colectivos. Cuando Germán se acercó a saludarlo con un beso, el hombre lo tomó en sus brazos y lo apretó contra su pecho. Luego extendió los brazos y preguntó:
-¿Tenés monedas? –
Germán chequeó sus bolsillos y le contestó que no, girando la cabeza.
-Toma tres pesos, el 242 te deja en la estación de Morón- dijo el hombre mientras una gota de lluvia o de llanto recorría su mejilla.