Literatura barrial.

sábado, 16 de febrero de 2013

Guacamole

Castaneda tapándose la cara. Sostenía
que las fotos robaban un pedazo de alma
















Hace aproximadamente quince años que no dejo de volver una y otra vez a los libros de Carlos Castaneda.  Relatos de Poder, el Fuego interior y Viaje Ixlan, son para mí como El Nuevo Testamento, cual cristiano ferviente. Cada vez que vuelvo a las conversaciones entre Don Juan -indio yaqui y hombre de conocimiento, que imparte su saberes a los que él llama “discípulos”-,  y Carlos Castaneda- antropólogo occidental y seguidor del simpático Brujo. Al cual conoce en circunstancias extraordinarias como diría Don Juan, realizándole una entrevista para su tesis sobre las plantas alucinógenas del desierto de México-,  descubro un concepto nuevo, o una idea que había pasado desapercibida en una primer lectura. Como las canciones de Los Beatles, uno no se aburre nunca, aunque las escuchase mil veces.
 En el desarrollo de la lectura de estos libros, uno percibe la transformación del protagonista que escribe en primera persona las crónicas de sus  experiencias y diálogos con su maestro brujo Don Juan Matus. Todos los valores y razones que sostienen a Carlos Castaneda, propias del hombre racional y moderno,  se van derrumbando como un castillo de naipes mientras avanza en el camino del conocimiento.   
El objetivo fundamental de esta breve reseña sobre los libros de Carlos Castaneda es despertar cierta curiosidad, con suerte, en los lectores de este blog (¿existen?) para que vayan a la sección de esoterismo de las librerías y compren o roben, es mejor robar una librería que fundarla, “Relatos de Poder”, como primer libro, angular e iniciático, en este maravilloso mundo del conocimiento. Repito y aconsejo, son libros muy útiles para resolver cuestiones y peripecias de nuestra vida mundana.

De los conceptos que hizo más mella en mi persona es el de “Restarse importancia personal”
Yo andaba por ahí tomándome demasiado en serio. Cualquier cosa que me decían me ofendía y levantaba  el tono de voz como un idiota cuando discutía de política, por ejemplo, o en el mejor de los casos, me marchaba así nomás porque las cosas no salían a mi modo. Era un caballo con anteojeras, estaba tan pendiente de mi estado de ánimo que no percibía nada a mí alrededor. Toda esa época se caracterizó por una soberbia idiota que tuvo su apogeo cuando cursaba el CBC. Recuerdo que hablaba de marxismo, materialismo dialéctico, como si realmente supiera.  Le explicaba a todo el mundo los pasos hacia al Comunismo. Una barrabasada tras otra, que más que darme fama de iluminado me acercaba a ser un intratable. Las cosas  que repetía una y otra vez, mal digeridas, no tenían ningún sentido para mí. No vivía de acuerdo a mis palabras, ya que vivía en las casa de mis padres, como un pequeño burgués consentido.  Iba a las fiestas que organizábamos con mis amigos y me jactaba en público de saber la fecha exacta de Revolución Francesa, ó cual era el nombre de Trotsky, ó nimiedades por el estilo. Por suerte para mi,  otras personas me bajaron del caballo en más de una  ocasión. Desde ya se los agradezco. Creo que el hecho de que otra persona te ubique  es un acto sumamente generoso. Digo,  tomarse la molestia de enseñarle a un necio, no es moco de pavo
Bueno, justamente Don Juan hace eso, machaca y machaca, como si se tratara de palta sobre ajimoto,  sobre la cabecita occidental y pre juiciosa de Castaneda, una y otra vez, sin conseguir demasiados logros. A medida que avanzamos en la lectura, el lector se desespera un poco con este  Carlitos tan lerdo e inepto y cobra simpatía la figura de Don Juan, que es oportuno, gráfico e impecable. Carlos Castaneda aprende la primera lección de Don Juan inmediatamente. Aunque se muestre tosco y estructurado frente al lector, inclusive ante Don Juan. Su literatura demuestra lo contrario. Él no tiene ningún problema en mostrarse como un idiota frente a un indio pobre.  Creo que ese es el gran mérito de la literatura de Carlos Castaneda, pasa por ahí, haberse restado importancia personal, eliminar su ego para hacer brillar su obra.
“La importancia personal es nuestro mayor enemigo” afirma Don Juan  ante un Castaneda que lo escucha curioso. “Piénsalo, aquello que nos debilita es sentirnos ofendidos por los hechos y mal hechos de nuestros semejantes”  “Nuestra importancia personal requiere que pasemos la mayor parte de nuestra vida ofendidos por alguien” concluye el viejo, mientras Carlos Castaneda hace sus anotaciones en su libreta y se imagina ser leído por millones.

Mauro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por el post, a mi me pasa igual con los libros de Carlos, gracias.