Literatura barrial.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Crónica del Bicentenario


"A veces estás sonámbulo y de repente viene y te muerde un perro" confesó Maradona.
La semana pasada venía medio fulera, la decepcionante derrota de Talleres de Escalada frente a Almagro y el despido inexplicable de Millie Stegman del canal Utilísima nos habían golpeado como dos guantazos de la Mole Molly, por decirlo de un modo elegante. A pesar de estas contingencias y fundamentalmente, porque la vocación periodística es una llama eterna que nunca se apaga, aunque a veces quede en piloto... el equipo periodístico de Escondete! no iba a perderse, bajo ninguna circunstancia, la oportunidad histórica, como sujetos revolucionarios que no somos, pero que podríamos llegar a ser, de cubrir como cronistas, con todo el rigor profesional que amerita, los festejos del Bicentenario.
El lunes 24 de mayo, a vísperas de la gesta patriótica, Escondete! ya marchaba, desde Constitución, con paso decidido por la calle Perú, rumbo al Obelisco.
Gripi cargaba con el grabador, empujaba el carrito del bebé y de su hombro izquierdo colgaba un bolsón con elementos indispensables: óleo calcáreo, un paquete de algodón, pañales, una mamadera y un paquete de cigarrillos.
Yo portaba un grueso anotador acompañado de un bolígrafo en el bolsillo delantero de mi camisa, con el único objetivo de capturar la realidad a través de la nítida lente de mi mente libre de prejuicios...
Ya a la altura de la calle Independencia comenzaban las actividades principales de este blanquiceleste festejo. Por la calle central desfilaban tractores, autos de carrera, antiguos y hasta el auto de la pantera rosa. Un trochita chiflaba despidiendo una nube de vapor, dejando una estela de humo a un montón de nenes que escoltaban su camino. A la altura de Avenida de Mayo casi pisamos con el carrito a un mini auto Gordini de dos puertas, que marchaba entre la turba de personas, con riesgo de ser aplastado como a una hormiga.
Era tanto el entusiasmo, que terminamos haciendo cola para subir un camión autobomba o sacarnos una foto con Barney y sus amigos.
Gente y más gente se acercaba de los cuatro puntos cardinales y la cosa se ponía cada vez más tupida.
Tengo que confesar que esta circunstancia dificultó seriamente nuestro trabajo, al menos por mi parte. Encontrándome en la cola para ingresar al stand de la provincia de Santa Cruz, comenzó un cosquilleo en las piernas que derivó en un cerramiento intempestivo de mi glotis lo que me nubló la vista y los oídos a un tiempo y me impidió continuar con el popular recorrido (Nota del redactor)
Finalmente el paseo se tornó prácticamente intransitable y decidimos dar un golpe de timón. Después de gritar el segundo gol de Maxi Rodriguez y de agenciarnos numerosas banderitas para que la bebé se entretuviera con algo, volvimos raudos para viajar en el Tren Roca cual lata de sardinas...
Ya desde nuestra pequeña guarida, con una grande de muzzarela y una cervecita de por medio, disfrutamos de la transmisión de la reapertura del teatro Colón conducido por el nuevo melómano, Iván de Pineda: ¡"Un elenco, un vestuario, una orquesta maravillosa"! (sic) y una democrática Eleonora Cassano que declaró: "Estaría bueno que al Colón venga todo el mundo, o sea todos, hasta los taxistas, ¿No?... (Sic)
¿Estaría bueno, no? Lo que hay que ver es si les da ganas...
El día 25 el sol asomó desde temprano, mostrando todo su esplendor en un cielo diáfano. Aunque no estábamos en un perfecto estado físico (mi glotis no drenaba de manera regular), nuestra vocación periodística, por suerte, sigue siendo prioridad en nuestras vidas. No había vuelta atrás, si había que morir, moriríamos como patriotas en la Plaza de la República. Antes de partir preparamos unos sanguchitos de milanesas de berenjenas y cargamos un termo con jugo de ciruela para la bebé. Viajamos al centro en el 33 y fuimos cantando la marcha de San lorenzo, aunque no tuvo mucha aceptación en los demás pasajeros. Cuando llegamos a la nueve de julio, trés Pucarás sobrevolaron las copas de los jacarandaes y esquivaron con presteza el edificio del Ministerio de Acción Social.
En nuestra odisea por llegar cerca del vallado, nos sumergimos en un río de gente para salir a flote, justo detrás de un basquetbolista. Y lamentablemente, allí quedamos anclados. A duras penas vimos fragmentos del desfile artístico a cargo de la agrupación Fuerza Bruta. La puesta en escena, y fundamentalmente el despliege de la pelada del basketbolista, sin lugar a dudas, estuvieron a la altura de las circunstancias...

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