Literatura barrial.

miércoles, 1 de julio de 2009

Entrega de premios de Editorial Pelfil

Cobertura exclusiva a cargo del equipo periodístico de Escondete!

A veces la suerte nos es esquiva y las circunstancias de nuestra existencia se organizan ladinamente en nuestra contra; y el sistema, con su certero y aceitado funcionamiento, nos aplasta como a moscas.
Pero hay otras veces, las menos, en que el tiempo y el azar se pone de nuestro lado. Como solía cantar el viejo Jagger: "Time is on my side, yes it is".
Asi fue: la fama nos tocó con su varita mágica.
En esta ocasión, el hada madrina tiene nombre y apellido: Anáma Ferreyra.
Todo comenzó con el efervescente éxito en nuestro último emprendimiento: Peluquería canina a domicilio. El negocio, que había arrancado flojo, proliferó gracias a una efectiva volanteada que hizo nuestro gran amigo Delivery Boy, en el pituco barrio de Belgrano R. Ya que la idea madre era apuntar al corazón de la fracción ABC1. El éxito no se hizo esperar. Pronto, éramos un secreto a voces entre los famosos. Unos de nuestros primeros clientes fue Liza, el caniche toy de la modelo de precario español y exótica belleza: Anáma Ferreira. Al cual le realizamos un rapado a cero en pleno otoño, que le dejó un aire alternativo más que interesante.
Ese 19 de mayo, Anáma salió a la puerta con síntomas inequívocos de gripe A, nos dijo:
-Coff, coff.... hola chico, hoy no preciso, Liza no recupelo todavía el vello- comentó preocupada.
-Claro, claro, sin duda el proceso de crecimiento del bulbo piloso esta adormecido, ahora te voy a dejar unos tips, para potenciar el bulbo.- argumenté convencido.
-¿Qué le parece un baño de crema con aceite de esperma de ballena?- propuso Gripi al instante.
-Es que me da mielo el moquillo, coff...coff...- contestó una Anamá alarmada.
-No...igual el baño era para el perro- le aclaré por las dudas.
Al fin y al cabo, cerramos por un baño y un masaje capilar a ciento cincuenta pesitos.
Se complicó en el momento del pago, sentados en el living de su casa, observamos como la modelo revisó cada uno de los recovecos del aparador, reuniendo a duras penas cien pesos. En una acción desesperada nos quiso conformar con un voucher de su escuela de modelos, al cual rehusamos elegantemente. (Sinceramente nos parece un mundo extremadamente superficial y competitivo). Afortunadamente, se encendió su morena lamparita:
-¡Chico! ¡Ya sé! ¿Nos querés ir a una fiesta?. Tengo dos invitaciones pala la fiesta de premios Pelfil. Artistas, político, trago y mucho más. Coff...cof... Yo con este moquillo no podel ir, quedar en casa con Liza- enfatizó.
Fue así, que gracias a un chispazo del azar, el equipo periodistico de Escondete! se encaminó al barrio de retiro, cargando su tradicional camara reflex y un mini grabador sony, que le regaló a Gripi su papá para los quince.
Cuando golpeamos las puertas del cielo, nos recibió un botones de solapa gris que, desconfiado, chequeó a trasluz nuestras invitaciones repetidas veces. Al final, a regañadientes, nos permitió el paso.
Entramos pasadas las seis de la tarde y los mozos recién estaban colocando los centros de mesas. A eso de las ocho comenzaron a caer los primeros famosos de la velada. A esta altura ya degustabamos la décima copa de vino espumante.
Era la quinta entrega de premios de Editorial Perfil. El jurado estaba conformado por personalidades notables de nuestro aletargado campo intelecectual: El edípico Marcos Aguinis, una ecuánime María Laura Santillán, el incorrompible periodista político independiente Nelson Castro,todos comandandados por el libre pensador, cual Gutenberg de nuestro tiempo: Jorge Fontevechia.
Pero no todos eran genios superdotados, por suerte, también había belleza y glamour: una Nacha Guevara con un look muy teen, desfilaba por la alfombra roja con su peculiar boina lila, repartiendo sonrisas a los presentes. Los periodistas no tardamos en avalanzarnos sobre la diva.
-¡Nacha! ¡Nacha! Si Evita viviera sería:...- se la dejé picando.
-Sería más vieja que yo, eso seguro querido, ja,ja...-contestó acertadamente. Todos rieron a su alrededor.
-¿Por qué la boina Nacha?¿ Tiene alguna connotación revolucionaria?-le espetó un periodista barbudo de Página 12.
-No, es un regalo de Luisito Sandrini. Era muy amiga de sus padres sabés...- dijo Nacha, saludando con la mano y perdiéndose entre la gente.
La fiesta se encontraba en su punto más álgido, los flashes y las risas entrecortadas rebotaban en mi mente, en ese entonces ya había perdido a Gripi en el tumulto de gente. La busqué incansablemente hasta que tropecé con la bandeja de un mozo, caí aparatosamente sobre Rocío Marengo y nos reímos a carcajadas en el suelo. Un buen hombre nos ayudó a incorporarnos y tambaleante llegué hasta el baño como pude. Apoyé mi frente contra la cerámica fría del migitorio y sentí un profundo alivio. Cuando me subía el cierre, el botón de mi pantalón saltó y resbaló caprichosamente por la baldosa hasta debajo de un privado. Abrí intempestivamente la puerta y ví una imagen aterradora: encontré a Charly Alberti y al mismísimo hoy diputado electo Francisco de Narváez hablando acaloradamente.
-Perdón, perdón, no quise interrumpir-
-JA, JA, JA...- sonó la estruendosa carcajada y un escalofrío recorrió mi espalda.
-Está todo bien, no interrumpís nada, ja,ja,ja- dijo Francisco y me palmeó amenazante.
-Man no te asustes. Acá estamos intercambiando impresiones con el colo- me tranquilizó Charly y continuó:
-Como te contaba: con the Climate Project nos proponemos concientizar a las personas a nivel mundial, la gente que rodea a Gore es muy capa, saben de qué va el medioambiente, son megacientificos- aclaró.
-¿ Cómo es eso?- preguntó Francisco, echándome una mirada complice de reojo.
-Es así, yo por ejemplo trato de conservar mi gasto de energía doméstica. Tengo un auto plateado para que reflecte más el sol y tenga que gastar menos en calefacción, desconecto el celu una vez que termino de cargar, trato de tener zapatillas donde conecto el equipo, apago todo en el estudio cada vez que me voy, son cositas. Los argentinos... bla...bla...bla...-
De un momento a otro mis párpados se hicieron de plomo, tenía un loop en mi cabeza, los personajes y la conversación giraban a mi alrededor, como en un sueño retuve algunas imágenes escalofriantes en mi cerebro: una botellita de Chandon estallando contra los azulejos, unas gafas espejadas, una esvástica tatuada en un glúteo rubio y pecoso y alguna que otra imagen truculenta. Ahi nomás fue que se me apagó la tele.
Desperté de repente con el aire gélido que viene del río, pegándome en la cara. Sentado en las escaleritas de la torre de los ingleses, con un espeso vómito a mis pies, en los que se podía distinguir claramente algunos tomatitos cherry y pedacitos de kani-kama.
En el momento en que más desolado me sentía y un terrible ardor subía por mi garganta, pude vilslumbrar a Gripi a lo lejos, como un oasis en el desierto: se acercaba blandiendo una botellita de Coca de 600. Los rayos tibios del amanecer comenzaron hacerme cosquillas en la nuca.
Mauro.
Gripi.


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