Literatura barrial.

jueves, 2 de abril de 2009

Relatos de la lucha social VI


Testimonio exclusivo de Brian Sanchez.
En esta ocasión Delivery nos demuestra como sortear la crisis económica.

"Hay que ser pillo, las oportunidades hay que saber verlas" Delivery.

-Era una noche fatídica, todavía no había pegado una vuelta, y a esa altura de la noche, ya eran cerca de las tres de la matina. Mi jefe dormía extendido sobre la mesada donde se amasan las pizzas y roncaba como una locomotora a todo vapor. Primero inflaba la barriga como un globo de cumpleaños, con un sonido gutural que emulaba a un puerco ansioso, luego exhalaba el aire lentamente... y por último un silbido agudo aireaba su tupido bigote que se ondulaba graciosamente:
-Zzzzhhh...-
Las calles del barrio estaban harto desiertas. Los habituales parroquianos del boliche ya casí ni aparecían. Mi jefe les había cortado el crédito por considerarlos incobrables, con lo cual, en el negocio había menos movimiento que en la Municipalidad de San Fernando un viernes después de la una de la tarde.
Yo miraba una película que había enganchado en el canal I-Sat, que me había levantado un poco la temperatura. El guíon era flojo y a los actores no los conocía nadie, pero había una pelirroja voluptuosa que valía realmente la pena.
Cuando más insatisfecho me sentía y una desazón profunda recorría todos mis pensamientos, el bendito teléfono rojo comenzó a chillar:
-Rrriiiiiiingg...riiiinnng-.
Mi jefe no se dio por enterado. Creo que en ese momento hablaba dormido, "La lata de morrones rojos es mía", vociferaba entre sueños. Levanté el tubo y... ¿Adivinen quién era, eh? ¿Quién era?-
Delivery boy nos miraba expectante.
-Ni idea- musité.
-¡Ya sé!- gritó gripi excitada.
-¡Vicente Viloni pidiendo una fugazzeta bajonera, con música de Bon Jovi de fondo!-
- No, nada que ver. Vicente está de vacaciones- contestó Delivery un poco distante.
-¿Dónde fue?- preguntó gripi.
- A USA. La semana pasada me llamó desde una cabina teléfonica al costado de la ruta. Estaba a treinta millas de Oklahoma. Su idea es recorrer en moto todos los estados-
-Fuahh.... ¡Un viaje iniciático!- dijo Gripi anonadada.
- Si, alto viaje- sentenció Delivery y continuó:
- Bueno, no quiero perder el hilo de la historia, así que por favor no me interrumpa más muchacha-
Cuestión que levanto el teléfono y digo como siempre:
-Pizzería, buenas noches, ¿En qué puedo ayudarle?-, a esa hora llamá cada secuestro... Del otro lado escuchó la voz inconfundible, de la única, la irrepetible, la máxima diva de los teléfonos. ¡La mismisima Susana Giménez!-
-¡Hola! ¿Pizzería? Ay disculpame amor. ¿Hacen delibery?- preguntó Su.
-¿Su-su-su-sana?- tartamudeé.
-Si, querido, pero no te quiero complicar, si es too late despierto a la cocinera-
-Por favor Susana, faltaba más. ¡Un placer! ¿Qué andaba necesitando?- dije convincente.
-Una grande de palmitos y anána y un Don Perignon bien frío. Y me lo tienen que traer a mi mansión de Barrio Parque, Palermo chico, ¿Conocés gordito?- dijo Susi.
- El champagne te lo debo, pero la pizza está en marcha. La promo incluye dos Stellas Artois- le aclaré por las dudas.
- ¡Brutal! Si es nacional está okey. Lo único divino, vení con documentos y anunciate en la entrada, porqué el guardia de seguridad primero dispara y después pregunta, ja,ja....- lanzó una sonora carcajada y después cortó.
-Preparé el pedido y le escribí una nota a mi jefe que seguía dormitando. Me subí el cierre de mi chaqueta y por último me puse la gorra. Arranqué tranqui, fui muy despacito por la mano derecha de la avenida, escuchando mi mp3. A medida que me iba acercando al lugar, el barrio se volvía cada vez más pituco: autos importados último modelo, hoteles cinco estrellas, árboles de copas enormes decoraban el barrio del "jet set".
Llegé al bunker de Susana gracias a una señora que supo orientarme chistándome desde su alcoba:
-¡Delivery, delivery! ¡Quiero una grande de anchoa ya!- la señora se relamía los labios.
-Hola Doña,¿Dónde vive Susana?- pregunté desacelerando la marcha.
-Justo en esa esquina luchador- me señaló indicándome con su pierna izquierda y dejando entreveer su lencería color rojo furioso. La saludé sacándome la gorra y me dirigí hacia allí.
Cuando llegué a la entrada de la mansión me acerqué a la garita de seguridad y me presenté como de costumbre:
-Hola soy Delibery Boy, luchador de vocación y repartidor de profesión- y continué: - Tal vez me recuerden por mi famoso topetazo volador que derribó fuera del ring al Teniente Murphy, en una pelea memorable; o quizás, por mi papel protagónico en "100 % lucha, la película"-
Los guardias no se dieron por aludidos por mis comentarios y me sujetaron del brazo contra una pared realizando una toma, que para serles sinceros, hasta ese momento desconocía.
Luego de una larga requisa, me devolvieron los documentos y mi ropa interior, y por fin me abrieron el paso.
La puerta de entrada de la casa estaba levemente entornada. Dí un pequeño empujón y me introduje en un amplio living completamente blanco: unos mullidos sillones en animal print y una alfombra persa ambientaban la habitación.
- Señora, permisooo, llegó Delivery boy- me presenté elevando la voz.
Encontré una notita en una mesita ratona que decía: " Repartidor, estoy bañándome en el segundo piso, te espero. Sú"
Subí por un ascensor espejado. El pasillo del piso parecía el de un hotel lujoso. Comencé a escuchar la inconfudible voz de Frank Sinatra, la música provenía de una habitación desde la cual salía un vapor espeso. Dí dos golpecitos a la puerta y entré.
Un banco de niebla me envolvió.
- ¿Jorge, sos vos?- la voz estridente de la diva se impuso sobre la melodía.
- Yo sabía George que ibas a volver. No te das cuenta que estoy muy nerviosa últimamente, demasiada presión de los medios, no quise tirarte la notebook a la pileta, papito...-suplicó y agregó:
-Voy a cerrar el baño de vapor, me hizo tan bien, eliminé un montón de toxinas y de carga negativa, ¿Entendés?-
El banco de niebla se disipó, de repente una mano alargada con uñas esculpidas me tomó de la hebilla del cinturón y me acercó con firmeza al borde de la bañera..
No sabía donde meterme, la tenía con cara de perrito mojado a 10 centímetros de mi brageta.
-Discúlpeme señora, soy Delivery boy, le traje la pizza que encargó- atiné a decir
-¡Aaayyyy!- gritó ridiculamente, mientras chapoteaba como un lobo marino en la bañera.
-¡Qué susto me pegaste nene!- dijo tapándose con una toalla los pechos.
-Disculpe que haya entrado asi, pero había una nota abajo...-, me aclaré la garganta, me faltaba un poco de aire en ese momento.
- Es cierto querido, ja,ja...- largó una carcajada destemplada y continuó:
- Lo que pasa es que a veces sufro de "panic attack", con todo este tema de la inseguridad, viste...¿A vos te parece, que los delicuentes anden vivitos y coleando por la calle y yo tenga que estar encerrada detras de unas rejas, con guardias de seguridad en la puerta, escuchando Frank Sinatra y tomandome un baño de vapor? ¡Es too much!- explicó.
-Más vale, es re injusto- asentí.
-Por supuesto que es injusto. Yo trabajo, pago mis impuestos religiosamente. Lo minímo que exigo es vivir tranquila, se-gu-ri-dad, ¿Entendés? ¿Porqué no atrapan a los verdaderos delincuentes? ¿Porqué Delivery? ¿Por qué?, Buahhh...- Susana rompió en llantos y se aferró con sus dos brazos a mi cintura,-Buahhh- lagrimeaba sobre mi regazo.
- Yo, que ya venía medio fogueado con la pelirroja de I-sat, levé en armas-
- Je,je,je,ja,ja,ja- Gripi y yo estallamos en carcajadas, no podíamos más. Creo que de tanto reirme me salió Coca-cola por la nariz. Delivery se contagio de nuestra risa y me alcanzó una servilleta.
-Toma papá- dijo y se levantó de la mesa.
-¡Para delivery, falta el final! ¿Nos vas a dejar con la intriga?- le supliqué.
-No te confundas murciélago, estás hablando con un caballero, mis labios están sellados...- me aclaró mientras se sonreía y agregó:
-Cambiando de tema literatos, hoy le festejo los 15 a mi sobrinita Aylén, obviamente están invitados. Va a ser una fiesta a todo trapo. Contraté al cantante Miguel Angel y un servicio de catering, "all inclusive",ja,ja... Me rio porque esta palabra me la dijo Susi cuando nos despedimos- recordó mientras se subía el cierre de la chaqueta.
-!Mejoró el laburo loco, estamos con todo!- le dijo Gripi curiosa.
-Yo nunca le escapo al trabajo muñeca- contestó Delibery dejándonos de propina una sonrisa cómplice.
-La fiesta no es formal pero no me hagan pasar verguenza chicos- y arrancó la moto agarrando Libertador de contramano.