Literatura barrial.

martes, 20 de marzo de 2007

Relatos de la lucha social


Anécdota de Sergio

Era un domingo soleado. Las calles estaban sucias e inquietas. Pequeños remolinos de papeles se formaban sobre el asfalto y las veredas: boletas electorales, folletos y boletines de partidos políticos, sobrevolaban el cemento como gorriones picoteando pan. Yo andaba indeciso. No tenía la menor idea a quién votar. Por suerte, contaba con la compañía de mi primo, un tipo muy ducho en la materia.
- ¿Sergio a quién voto? - pregunté antes de echar los fideos.
Mi primo se sentó en una banqueta, llenó de vino su vaso de power ranger y comenzó hablar:
-Hoy es un día peronista y lo digo aunque se ofenda algún gorila derechoso, koala radical, o, tiranosaurio rex de izquierda. El presí esta haciendo las cosas bien. Las últimas políticas en derechos humanos lo demuestran. Bombardear la tumba de Galtieri para que su espíritu no se subleve y realice un golpe institucional, es un ejemplo. Además, tiene un gabinete con gente nueva, que hace política de otra manera y trabaja por el cambio social.
Te voy a contar una experiencia mística, yo diría más que mística, trascendental para mi-.
Antes de comenzar su relato, mi primo me acercó un banquito y llenó de vino mi vaso de las chicas súper poderosas.
“Era un día común y corriente como cualquier otro. Disfrutaba de los escasos cuarenta minutos de almuerzo que me otorga mi trabajo de moto-mensajero. La plaza de la República estaba casi desierta. Algún que otro lumpen como yo se rascaba la barriga, dos gitanas leían la mano a un oficinista y un viejito alimentaba las palomas. Cuando degustaba mi pancho tricolor, el mismísimo ministro del interior me pide un lugar en el banco:
-Nene, córrete un poco- El ministro estaba impecable. Lucía una chaqueta beige formidable, pantalón de vestir y mocasines marrones.
-No lo puedo creer- dije.
-El súper-archí-hiper- ministro. El hombre duro del gobierno- exclamé.
-Claro que si nene, el mismo-, contestó el ministro mientras tomaba asiento.
-Nunca imaginé que un ministro almorzaría como un ciudadano común, mejor dicho: como un motoquero salvaje en la plaza del obelisco-. El ministro parecía tranquilo. Puso su portafolio forrado con cuero de cocodrilo sobre sus piernas y del interior del mismo extrajo un tupper rojo, que despedía un olor sumamente agresivo para mis órganos olfativos.
-Sabes lo que pasa nene– dijo el ministro mientras acompañaba las berenjenas al escabeche con una criollita.
–La gente es prejuiciosa, le gusta poner etiquetas. Creen que porque soy un excelente abogado, contador público nacional, fan de lo redonditos de ricota y un peronista acérrimo, no puedo compartir un almuerzo con un fumón desmemoriado-
-¡Es verdad! - Asentí.
–No hace falta que seas obsecuente conmigo, nene. Tengo plena conciencia de mi certeza en mis afirmaciones, como un sicario francotirador con su victima– sentenció.
-No, digo que es verdad que soy un fumón desmemoriado. ¿Usted cómo lo sabe?-, lo indagué mientras lo tomaba del cuello de la chaqueta.
–Eh, nene. Soltame la pilcha si no querés terminar como un perro quemado tirado en las vías–, afirmó mientras se sacaba las manos mías de encima y continuó:
-Digo, que sos un fumón desmemoriado porque es la tercera vez que me ofreces un cigarrillo y te contesto que no-
–Ah, es cierto. Debe ser el embutido que afecta mi memoria reciente- expliqué.
-¡Espere! ¿Y lo de fumón? ¿Cómo lo sabe?- Esta vez lo sujeté de la corbata.
-¡Ya te dije nene! No me toques si no querés que te llene de plomo la cabeza un gendarme- me advirtió mientras se limpiaba el aderezo que había quedado impregnado en su bigote, y prosiguió:
-Lo sé porque debajo del Nylon del paquete asoma una tuca y de tu cadenita cuelga una tuquera; y en la pierna tenés un tatuaje de Bob Marley.
-Si, es mi músico preferido ¿Y usted ministro le gusta el reggae?-
-No, yo soy ricotero de la primera hora. Dijo orgulloso y con cierta emoción.
La tarde avanzaba. Las palomas comían pan verde que tiraba un viejito. El ministro se desabrochó la camisa. De un momento a otro, cambió de parecer y me pidió un cigarrillo.
-Sabés que, mejor dame un cigarro. Pero dame ese que no tiene filtro, total el presí esta en Venezuela construyendo un frente populista y latinoamericano.
-Como no ministro, creo que va a ser bueno para nuestra digestión -. Dije y le acerqué mi cadenita y fuego.
Al final la puesta de sol nos invitó una cervecita, y bueno, que pin que pan, terminamos de cantina en cantina canturreando el pibe de los astilleros y hasta ahí me acuerdo, porque después me descompuse.
- No te puedo creer ¡Qué buena historia! – Estaba maravillado con la anécdota que me había narrado mi primo.
–¿Pero cómo llegaste a tu casa?–, ese era un cabito que me quedaba sin atar.
-Eso lo pude dilucidar al otro día. Según la portera de la pensión, entre ella y el ministro me acostaron en la cama, y después se fue sin más explicaciones-
-¿Y tu moto la perdiste en esa borrachera? –
-La portera me dijo que el ministro salió arando con mi Guerrero Magic 2003 de la pensión-
-Bueno pero eso es obvio, sino como llega a su casa en Quilmes. Pero que tipo humanista este ministro. ¿Así serán todos los funcionarios del gobierno?- pregunté emocionado.
-Claro que si primo. Otro ejemplo es el del ministro de trabajo: viaja todos los días colgado en la chanchita hasta Varela.
Ya está Sergio, no me cuentes más. Me voy a votar.
Mauro.