Literatura barrial.

lunes, 15 de diciembre de 2008

EL HOMBRE LOBO SUBE EN GERLI


En la jornada de ayer, durante toda la tarde, las líneas rotativas de atención al usuario del Ferrocarril Roca se vieron colapsadas. La gente reclamaba aterrada y apenas alcanzaba a hilvanar algunas frases, por ejemplo:
-¡Maldita sea! Quiero hacer un reclamo. Un cretino me zarpó el choripán-
-Escúcheme señorita, un trasvestido me apoyó y me maulló al oído-
-Me parece que vi al sospechoso, es un pelucón que me aguantó la puerta-
Los rumores más disímiles se expandían confundiendo a la gente.Las autoridades estaban cada vez más desconcertadas. Los testimonios eran fabulosos más que certeros, mitológicos más que reales.
Y casi, casi, nos perdemos la primicia
Cerca del mediodia los primeros ecos de los disturbios que se producían en la estación de Constitución y Gerli arrivaban a los principales medios. Mientras tanto, la producción de Escondete! repartía volantes de una tarotista panameña en el microcentro. La noticia nos llegó por medio de un plasma gigante que mirábamos a través de la vidriera de Frávega. Fue entonces que arrojamos los volantes a una alcantarilla y corrimos hacia el lugar donde se producían los hechos.
Encuentro inesperado con Daniel Boone
Partimos a las 12.36 hs desde Plaza, en el tren eléctrico del ramal Constitución-Ezeiza. Era un día soleado y a cielo abierto la temperatura oscilaba los 40 grados de sensación térmica. Los vendedores ambulantes pregonaban las bondades de sus productos como chicharras en enero. En un periquete llegamos a la estación de Gerli, caminamos en sentido opuesto al puente y antes de internarnos en las tupidas praderas del Ferrocarril nos detuvo un hombre que tenía aspecto de cazador:
-Vosotros, detengaís el paso- exhortó el hombre, que lucía un gorro de piel de mapuche y calzaba unas botas de caña alta.
-Disculpé Señor explorador, nosotros somos periodistas y estamos realizando un trabajo de investigación para un medio con inquietudes filantrópicas: Escondete! Quizá nos recuerde por la conocida zaga:"Relatos de la lucha social", o tal vez por nuestra partcipación decisiva en el aplausómetro de Talento Argentino- le aclaré.
Nuestro interlocutor se acomodó la correa que sostenía su escopeta Winchester, clavó sus ojos verdes en el horizonte y en tono calmo nos dijo:
-Debeís tener precaución de las salamandras, ya que abundan en estas frondosas praderas. No os tenteís con los cochinillos horneados que coloqué como trampas en bandejas de plata cerca de los vagones. Por último, antes de que caiga la noche de luna llena, debeís retiraos-
-Usted me resulta familiar, esa gorra...- dijó Gripi mientras lo miraba de manera dubitativa.
-¡Ya está, ya sé quien es!- exclamó Gripí y comenzó a saltar de alegría como un saltamontes.
- ¿Quién es?- la tomé de una trenza para que me conteste.
-¡El mágico alimañero, el fantabulósico explorador de la serie americana, Daniel Boone!-
-Ahhh, ahora si, claro...- mentí. No tenía la menor idea de quién era, para mi era un freak.
-¿Y su partenaire, el indio Mingo? ¿Qué fue de él?- preguntó mi compañera.
-En estos momentos habrá de estar merodeando, vestido tan sólo con un taparrabos, por los baños de Constitución. Quizás lo habreís visto, mi fiel compañero tiene un anzuelo enorme para el Hombre Gato,ja,ja... Es un plan perfecto.-
-Ahora lo comprendo todo. Bueno, creo que iremos a realizar un reconocimiento del lugar, ojalá podamos encontrar alguna huella del Hombre Lobo, no pudo haberse ido tan lejos...-
-¡Escuchadme, aguardaros! No puedo permitir que os interneís en estos peligrosos parajes, sin al menos contar con alguna defensa- Fue entonces que Daniel Boone depositó en mi mano un antiguo pistolón.
-Debo advertiros que lleva tan sólo una bala de plata en la recámara, debeís ser precisos-
- Lo intentaremos- dijimos al unísono y nos despedimos con un afectuoso apretón de manos
El Acontecimiento
A medida que avanzábamos por las vías, haciendo equilibrio por los rieles. Comenzamos a observar animales degollados, en los cuales habían sido sustraídos sus órganos vitales y aves que picoteaban carroñeramente los restos. Encontramos un mendigo encerrado en una jaula. El hombre parecía muy a gusto, chupando las costillitas del cochinillo que tenía una manzana en la boca.
Cerca del atardecer escuchamos unos chirridos estridentes que provenían de una formación que se acercaba cada ves más, estaba aproximadamente a 1 kilómetro de distancia y se dirigía hacia el sur. Nos escondimos detrás de un terraplén.
La cabina despedía una extraña luz flourescente, espíabamos asomando apenas la cabeza por encima del montículo de tierra para poder observar el fenómeno de más cerca. El tren disminuyó la marcha, vimos como figuras humanoides con una enorme cabeza que descendían del coche en movimento y con un mediomundo de pesca juntaban los animales muertos, hasta que se toparon con el mendigo. Éste estaba aterrorizado y se aferraba a los barrotes, entonces lo cargaron con jaula y todo. Empezamos a temblar, estaban demasiado cerca. El más alto de los tres hacía señas al maquinista para que detuviera la marcha del todo. Nos habían visto. El más horroroso de los seres, con sus largos dedos verdes y deformes,atinó a atraparnos. Por suerte, en ese preciso momento se escucharon varios tiros, no de nuestra parte, ya que no sabíamos manipular el arma, sino que provenían de atrás. Montado a caballo, a pleno galope, Daniel Boone disparaba a mansalva sobre los extraterrestres como si se tratase de una ofensiva contra un malón rebelde. Los aliens retrocedieron y el extraño maquinista comenzó a acelerar la marcha súbitamente, el resto de los monstruos saltarón al interior del coche y comenzaron hacer gestos obscenos a nuestro valiente amigo, sacando su brazos gelatinosos por la ventanilla. Alcanzamos a ver como el tren se disparaba como una bala y descarrilaba a la altura de la cancha del Porvenir. Los pasajeros indignados bajaron a la vía, prendieron fuego los vagones y lucharon cuerpo a cuerpo, sin miedo, contra los Aliens...
La escena era caótica, un verdadero regadero de sangre. La llegada del cuerpo policial empeoró del todo la situación. La balas pasaban muy cerca nuestro. Estábamos inmóviles, protegidos por el terraplén. La balacera mermaba de a ratos para luego volverse más intensa. El lugar estaba sitiado por grupos comandos. Ante esta desesperada situación, decidimos arrastrarnos cuerpo a tierra hasta llegar un alambrado que daba a una canchita de futbol. Saltamos el alambre de púa y corrimos raudos hacia la avenida Hipólito Yrigoyen. Por suerte, pudimos escapar ilesos.
Anochecía. Una luna grande y amarilla se iluminaba poco a poco. Cansados, decidimos hacer una parada técnica en una YPF y tomarnos una coca en la vereda. A raíz de los disturbios, los negocios habían cerrado y la avenida estaba desierta. Mientras emprendíamos nuestro regreso a pie escuchamos aullidos escalofriantes que venían de muy lejos. En un rasante galope, siguiendo la luna, el valiente entre los valientes, Daniel Boone, se perdía en el horizonte. Como una estrella fugaz, dispuesto como siempre para la próxima batalla...
Hemos dicho.
Escondete!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El Daniel Boone que yo conocí no tenía gorrito hecho con piel de chileno —porque los mapuches ahora son chilenos ¿No?— mas bien era de esos simpaticos ladronzuelos que hasta antifaz propio tienen, los mapaches.

Anónimo dijo...

Nos halaga que haya lectores tan atentos en el blog! Ahora, que los mapuches sean argentinos o chilenos, es una discusión que nos es imposible abordar.
Después de una visita relámpago a las nuevas playas de villa soldati quedamos insolados...

Hemos dicho!
Escondete!